Practicante en acción

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jueves, 5 de febrero de 2015

Gravity

Apuntes previos.
Hoy vi Interstellar, la película es bonita y entretenida, pero no la entendí. No sé qué pretende Nolan. ¿Qué me quiere decir el director? ¿Que la fuerza del amor es todo? ¿Qué la fuerza del amor es grande? Eso ya lo dijo Myriam Hernández de forma mucho más clara y en un par de minutos. Lo que no puedes decir en tres minutos, no lo vas a poder decir en tres horas, esa es mi conclusión.
Mañana tengo que hablar de la muerte en el colegio. La muerte habla por sí misma, no hay nada que agregar. Ya tendría que haber preparado la clase, pero no se me ocurrió nada. Además, Fernando, un amigo que trabaja en Cineplanet, me dijo que hoy en la tarde podía colarme y ver la última de Nolan. Pensé que la película podría ayudar, que se me ocurriría una idea para tratar el tema de la muerte en el colegio, pero no. La película no ayuda, no sé cuál es el mensaje del director y me gustaría hablar de eso con los estudiantes mañana, de Christopher Nolan, que alguien me explique Interstellar y de paso, Inception. Qué opinan de Nolan, ¿les gustó su última película? Ese es un buen comienzo para una clase. Y seguir así, hablando de películas y directores, la vida académica podría ser eso, una eterna conversación de cafetín.
No basta una clase para hablar de la muerte, es una materia compleja, una    inquietud del primer y último ser humano. ¿Yo estoy a cargo de trabajar algo así? ¿Estoy debidamente capacitado para eso? Ni siquiera se me ocurre una manera de dar el pésame cuando alguien se muere. En los funerales digo cosas que busco en google, líneas del tipo “no somos más que esto” o “todos somos polvo de estrellas y algún día regresamos a ellas”. Esa última está más Christopher Nolan.
Notas posteriores.
Tenía en mente tratar el tema de manera sutil. Indagar, con tacto y buen criterio, cuál era la actitud de los chilenos frente a la muerte. En la pizarra anoté, muerte. Nada más. Esperé en silencio por cinco minutos, mirando el vacío. Los estudiantes comenzaron a reír y hablar, mi profesora guía, Karla, dormitaba en su silla. Avancé hasta el centro de la sala y dije: todos somos simios que saben que van a morir, somos mamíferos que tienen conciencia de su inminente desaparición, primates bailando al borde del abismo, ratas con miedo a la oscuridad, eso es la civilización.
Mi profesora guía despertó, Karla negaba con la cabeza, su mirada sugería profunda reprobación. Algunos estudiantes sonreían de manera nerviosa y otros, se notaban incómodos, un poco asustados.
Al parecer no fue para nada delicada  la manera en que decidí abordar el tema. Qué pretende este sujeto al decir que todos somos monos, parecía decir el rostro de los alumnos.  Al verme, ellos parecían sentir lo que yo siento al ver las películas de Christopher Nolan, confusión, ansiedad, perturbación y espanto.
Después, escuché junto al curso una canción de Violeta Parra, el Rin del angelito. La idea era hablar del rito del angelito que se celebraba en Chile en el siglo pasado. La tradición campesina señala que cuando muere un niño chico el velorio es una fiesta con música, comida y bebida. Mientras explicaba esto iba mostrando imágenes de los difuntos vestidos de angelitos. Antes de terminar la exposición una estudiante me dijo que las fotos de los niños le estaban empezando a dar miedo. Otro niño se sumó a la inquietud. Karla aleteaba desde atrás, termina con esto, me decía, pasa a lo siguiente.
En ese momento lo comprendí, mi clase no era Interstellar, era Gravity. Soy el Sandra Bullock de la didáctica, un astronauta de la pedagogía que flota en el espacio sin encontrar puntos de referencia. El aula es una nave espacial averiada en medio de una tormenta de asteroides.
Soy el Gravity de la pedagogía, digo en voz alta. Un niño me pregunta qué es eso. Una película, respondo, se trata de alguien que intenta sobrevivir en el vacío. Sigo hablando de la muerte, de manera insegura y confusa. Muestro el video de un cuento llamado El pato y la muerte, donde se representa a la muerte de manera amistosa, la muerte abraza al pato mientras se está muriendo, todo eso me parece muy tierno, pero a los niños igual les dio miedo. No sé cómo hablar de la muerte sin que la gente se sienta mal. La clase se perdió sin rumbo fijo en el espacio.
Soy el Gravity de la pedagogía. Nunca fui Nolan.



  

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