Apuntes
previos.
Hoy
vi Interstellar, la película es bonita y entretenida, pero no la entendí. No sé
qué pretende Nolan. ¿Qué me quiere decir el director? ¿Que la fuerza del amor
es todo? ¿Qué la fuerza del amor es grande? Eso ya lo dijo Myriam Hernández de
forma mucho más clara y en un par de minutos. Lo que no puedes decir en tres
minutos, no lo vas a poder decir en tres horas, esa es mi conclusión.
Mañana
tengo que hablar de la muerte en el colegio. La muerte habla por sí misma, no
hay nada que agregar. Ya tendría que haber preparado la clase, pero no se me
ocurrió nada. Además, Fernando, un amigo que trabaja en Cineplanet, me dijo que
hoy en la tarde podía colarme y ver la última de Nolan. Pensé que la película podría
ayudar, que se me ocurriría una idea para tratar el tema de la muerte en el
colegio, pero no. La película no ayuda, no sé cuál es el mensaje del director y
me gustaría hablar de eso con los estudiantes mañana, de Christopher Nolan, que
alguien me explique Interstellar y de paso, Inception. Qué opinan de Nolan,
¿les gustó su última película? Ese es un buen comienzo para una clase. Y seguir
así, hablando de películas y directores, la vida académica podría ser eso, una
eterna conversación de cafetín.
No
basta una clase para hablar de la muerte, es una materia compleja, una inquietud del primer y último ser humano. ¿Yo
estoy a cargo de trabajar algo así? ¿Estoy debidamente capacitado para eso? Ni
siquiera se me ocurre una manera de dar el pésame cuando alguien se muere. En
los funerales digo cosas que busco en google, líneas del tipo “no somos más que
esto” o “todos somos polvo de estrellas y algún día regresamos a ellas”. Esa
última está más Christopher Nolan.
Notas
posteriores.
Tenía
en mente tratar el tema de manera sutil. Indagar, con tacto y buen criterio,
cuál era la actitud de los chilenos frente a la muerte. En la pizarra anoté,
muerte. Nada más. Esperé en silencio por cinco minutos, mirando el vacío. Los
estudiantes comenzaron a reír y hablar, mi profesora guía, Karla, dormitaba en
su silla. Avancé hasta el centro de la sala y dije: todos somos simios que
saben que van a morir, somos mamíferos que tienen conciencia de su inminente
desaparición, primates bailando al borde del abismo, ratas con miedo a la
oscuridad, eso es la civilización.
Mi
profesora guía despertó, Karla negaba con la cabeza, su mirada sugería profunda
reprobación. Algunos estudiantes sonreían de manera nerviosa y otros, se
notaban incómodos, un poco asustados.
Al
parecer no fue para nada delicada la
manera en que decidí abordar el tema. Qué pretende este sujeto al decir que
todos somos monos, parecía decir el rostro de los alumnos. Al verme, ellos parecían sentir lo que yo
siento al ver las películas de Christopher Nolan, confusión, ansiedad,
perturbación y espanto.
Después,
escuché junto al curso una canción de Violeta Parra, el Rin del angelito. La idea
era hablar del rito del angelito que se celebraba en Chile en el siglo pasado.
La tradición campesina señala que cuando muere un niño chico el velorio es una
fiesta con música, comida y bebida. Mientras explicaba esto iba mostrando imágenes
de los difuntos vestidos de angelitos. Antes de terminar la exposición una
estudiante me dijo que las fotos de los niños le estaban empezando a dar miedo.
Otro niño se sumó a la inquietud. Karla aleteaba desde atrás, termina con esto,
me decía, pasa a lo siguiente.
En
ese momento lo comprendí, mi clase no era Interstellar, era Gravity. Soy el
Sandra Bullock de la didáctica, un astronauta de la pedagogía que flota en el
espacio sin encontrar puntos de referencia. El aula es una nave espacial
averiada en medio de una tormenta de asteroides.
Soy
el Gravity de la pedagogía, digo en voz alta. Un niño me pregunta qué es eso.
Una película, respondo, se trata de alguien que intenta sobrevivir en el vacío.
Sigo hablando de la muerte, de manera insegura y confusa. Muestro el video de
un cuento llamado El pato y la muerte, donde se representa a la muerte de manera
amistosa, la muerte abraza al pato mientras se está muriendo, todo eso me
parece muy tierno, pero a los niños igual les dio miedo. No sé cómo hablar de
la muerte sin que la gente se sienta mal. La clase se perdió sin rumbo fijo en
el espacio.
Soy
el Gravity de la pedagogía. Nunca fui Nolan.
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