Apuntes Previos.
Estoy escribiendo estos apuntes en el
baño de la sala de profesores del Colegio Polivalente San Miguel Abad. Tengo
diarrea y no puedo parar, llevo mucho tiempo sentado en la taza del baño. En
los colegios deberían tener baños exclusivos para practicantes como yo,
nerviosos, con diarrea explosiva y fulminante. El lugar está muy hediondo, me
da vergüenza salir, pero el timbre suena y llegó el momento de hacer mi primera
clase. Tengo miedo, la vocación de profesor se fue, se escapó por la
alcantarilla. No soy digno de este oficio, quiero salir arrancando, quiero
tirarme por la ventana, quiero hacer cualquier cosa, menos la clase. ¿Todo bien
ahí dentro, colega?, me pregunta un profesor y se ríe. Todo el mundo sabe que
literalmente estoy cagado de miedo ante la idea de hacer mi primera clase. Nota
mental: debo aprender a disimular. Un hombre no puede andar mostrando debilidad
por la vida, no es buena idea. Segunda nota mental: No debí comer huevos con
jamón al desayuno, habría sido preferible un pan con miel, algo más liviano. De
pie, frente al lavamanos, pienso en los héroes patrios, José Miguel Carrera,
Manuel Rodríguez y otros más actuales, como Felipe Camiroaga y Zamorano. De
alguna forma, eso me da valor y salgo del baño a cumplir con mi deber.
Apuntes posteriores:
Las imágenes las veo nebulosas. A veces
los niños me entendían, a veces, no. El objetivo era analizar el texto
dramático, pero para mí, el drama más determinante en ese momento se liberaba
en mi interior, una parte quería salir
arrancando de la sala y mi otro yo quería quedarse. Por suerte, se
impuso la cordura y logré pasar los contenidos correspondientes a la unidad,
conflicto dramático, lenguaje dramático, etc. Leímos entre todos fragmentos de la obra “Hamlet”, con el
objetivo de distinguir los elementos principales del texto. Luego, vimos escenas de la película “El rey león” y la relacionamos con la obra de
Shakespeare. Este oficio debería ser así todo el tiempo, analizar películas y monitos.
Al terminar la clase, Karla, la
profesora guía, me pregunta si estaba muy nervioso. Un poco, le respondo.
Me ha dado mucho en que pensar ¿Será que, a fin de cuentas, todo es una confabulación para serruchar el piso a las nuevas generaciones? Saber que mis futuros colegas hacen mofa de mi caca in extremis en vez de alentarme y darme ánimos para enfrentar el desafío de la primera clase me llena de horror. El salón de maestros viene a ser, lejos de la imagen que teníamos de pequeños (esa de asientos de cuero berger y una chimenea), una guarida de lobos y hienas. Lo admiro por sobreponerse a su diarrea, viva Chile.
ResponderEliminarMis diarreas son heridas de guerra y recordarlas me hincha el pecho de orgullo. En todo caso, el arándano regula la digestión, por si alguna vez lo necesita, futuro colega.
Eliminar