El
colegio que me consiguió la Universidad de Concepción para mi práctica
profesional no tiene página web y nunca me dieron la dirección exacta, busqué
información en internet y salen dos direcciones distintas. Son las 8:15 de la
mañana, voy un poco atrasado, camino por calles de tierra y sitios eriazos
hasta llegar a la primera dirección, entro y veo un caballo con un carretón, sacos
de cemento en el suelo y varias carretillas. Algo me dice que esto no es lo que
busco. Sigo mi viaje, un viejito que está regando me ayuda a encontrar el
colegio. Me acerco, una jauría de perros descansa en la entrada del edificio,
no me reciben de manera muy amistosa. Adentro, el lugar parece un consultorio,
gente hace una gran fila para hablar con la persona de la recepción, espero mi
turno al final. La decoración del lugar es curiosa, fotos de la Presidenta
Bachelet se mezclan con imágenes de Nicanor Parra y Pablo Neruda. Fotos de
Camiroaga, Don Francisco y Zamorano, no veo, pero andarían bastante bien con la
línea estética.
Después
de esperar de pie por 40 minutos, no hay asientos en ninguna parte, logro pasar
a la oficina de la directora. Explico mi situación, soy alumno del pedagógico
de Santiago, pero quiero hacer mi práctica profesional en Concepción, en la U
de Conce van a supervisar mi trabajo y me mandaron a este colegio. La directora
me dice que no ha llegado ninguna solicitud de práctica con mi nombre y que
generalmente a los alumnos de la universidad los acompaña alguien que los
presenta. Me mira en silencio con el ceño fruncido. Luego, me dice que las formalidades
son importantes en la vida. Vuelvo otro día con esa carta, entonces, le digo.
Eso tampoco le parece bien, prefiere solucionar el tema ahora. Cuántas horas te
piden en la universidad, pregunta. Veinte, le digo, por responder algo, en
realidad no tengo idea. Ella se queda pensando, mira sus manos sobre el
escritorio. En este oficio hay que desarrollar la personalidad, me dice, acá
hay más de mil alumnos y todos los cursos son bastante numerosos. Otra cosa
importante, no se puede tocar a las niñitas, no se les puede tocar el pelito,
no se les puede tocar el poto, como están las cosas hoy en día, no se les puede
tocar el poto a las niñitas, reitera su idea la directora. Luego, me da los
horarios y el nombre del profesor con el que voy a trabajar, me dice que me
espera la próxima semana y que ya me tengo que ver como profesor, asiento con
la cabeza, aunque no entiendo a qué se refiere con ese de verse como profesor,
¿hay que verse mal?, ¿vestirse fome?, ¿usar un mal corte de pelo?, no entiendo,
pero digo que bueno. No se toca a las niñitas, me repite la directora antes de
abrir la puerta, en estos tiempos no se les puede tocar el pelito, no se les
puede tocar el poto a las niñitas. Bueno, le digo, y me retiro preocupado por
el énfasis que ponía en el poto de las niñitas, ¿habrá muchos estudiantes de
pedagogía que piensen que tocarle el poto a las niñitas es una buena idea?
Espero que no. Espero que no sea algo personal conmigo, que no me haya
encontrado cara de pervertido o algo así.
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