En
algún momento se me atrofió el sentido del humor, el sentido del buen gusto y
el sentido común. Las habilidades blandas se me endurecieron, me cuesta iniciar
una conversación con una persona sin referirme al clima, la hora o la fecha.
A
mi padre le preocupa mi ostracismo. Me pregunta insistentemente por las
practicantes del colegio, si converso con ellas, si hago vida social, etc. Yo
respondo a todo que sí, mientras miro el resumen de los goles en las noticias. Mi
papá me habla mucho de mujeres, como para asegurarse que soy heterosexual.
Atractiva la chiquilla, me dice, cuando aparece alguna modelo dando el tiempo.
Yo le respondo que no me gusta su ropa, que la niña tiene un mal concepto de la
moda. Mi papá se inquieta y se atora con la sopa. Entonces, le digo que la
chiquilla igual está rica, aunque tenga un gusto dudoso a la hora de elegir su
outfit.
Son
lindas, las practicantes. Se reúnen en la biblioteca en los recreos, las de
inglés y las de educación física utilizan una mesa, las de matemáticas, se
sientan en otra. Yo, en un rincón, me siento solo y las observo. Hago como que
leo, pero en realidad estoy pendiente de lo que hablan, de sus risas y la
manera en que caminan.
Ayer,
mientras esperaba al profesor guía afuera de la sala de profesores, conversé
con una practicante de inglés. Me preguntó cuál era mi especialidad, dónde
estudiaba y ese tipo de cosas. Resultó que teníamos conocidos en común y fue
incómodo porque no tenía buenas referencias de mis amigos. Yo me alegré al
principio y hablé con orgullo de mis camaradas. ¿Sabes lo que le hizo M… a mi
mejor amiga?, me preguntó. M… es un tipazo, nada malo, supongo, respondí yo. Empezó
a salir con mi amiga, le pidió pololeo y después de meses, cuando ella no podía
estar más enamorada, supo que él tenía un hijo con otra, me dijo la
practicante. Oh, respondí yo. Y eso no es todo, dijo ella, resulta que él
todavía vivía con su hijo y su ex, qué te parece, preguntó. Mal, no estuvo bien
ahí mi amigo, reconocí.
Hubo
un largo silencio fuera de la sala de profesores. Yo me quería ir, pero mi
profesor guía no llegaba nunca. Y si conoces a M… entonces, también ubicas a
los hermanos R… me dijo la practicante de inglés. Respondí que sí, que
efectivamente son grandes amigos míos. Qué asco, dijo ella, me contaron que
tenían relaciones sexuales entre ellos, de hecho, yo una vez los vi darse un beso
con lengua en un recital de poesía. Lo del beso en la boca, fue un acto
poético, amor fraternal, insistí ante su mirada escéptica. Y no tiran entre
ellos, le digo, pero hablo demasiado fuerte y atraigo la atención del
inspector, quien mira con el ceño fruncido hacia mí.
Esa
fue la primera y última vez que hablé con una practicante, la niña de inglés
ahora prefiere mirar hacia otro lado cuando nos encontramos de frente en el
pasillo, ni me saluda. Es una pena, porque estaba harto rica, a pesar que su
gusto al momento de escoger el outfit del día es más que dudoso.
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