Este
año me toca hacer la memoria. Yo dije, ah, es como escribir un blog, pero con
más entradas, como un estado de Facebook largo, pero sin memes. Al parecer, no
es tan así la cosa. Para empezar, hay que tener una hipótesis y las
conclusiones no se pueden redactar con emoticones ni stickers. Primer
inconveniente, no tengo dicha hipótesis y, últimamente, solo me comunico
mediante emojis.
Para
escribir una tesis se debe dominar un tema y, eventualmente, identificar una
problemática y proponer soluciones. Pero qué tema domino yo, ¿cuál es mi
fuerte? Tomando en cuenta que estudio Pedagogía en Lenguaje y casi no leo, no
recuerdo la última novela que leí entera, el desafío parece imposible.
Como
me gusta ver películas le dije a mi profesor guía que la memoria se iba a
tratar de eso, el cine. Él leyó el proyecto de memoria que le mandé y me dijo
que le parecía bien, pero que le había hecho un par de correcciones. Acabo de
mirar mi proyecto corregido y el profesor cambió el título, entre otras cosas.
Nunca entendí mucho mi proyecto de memoria, ya me parecía confuso antes, cuando
lo había redactado yo, pero ahora, no entiendo ni las palabras que aparecen, no
sé lo que significan, simplemente no las conozco, tampoco salen en google y si
algo no aparece en google yo no sé dónde más buscar, mi vida académica empieza
y termina en google.
Me
gusta ver series, mi talento es pasar mucho tiempo frente a la televisión, ahí
tengo algo, pero no sé si alcance con eso para escribir una tesis. Podría
hablar de Game of thrones, las cosas que me gustan y lo que me desagrada de la
serie. Me gusta que haya dragones, pero le falta agregar el tema de los ovnis,
detectives investigando abducciones, dragones y extraterrestres, acabo de dar
con algo nuevo. Así tendría que ser mi tesis: yo dando ideas para nuevas series
de HBO. Pero el ideal pocas veces se cumple, mi realidad es un poco distinta,
me la paso leyendo libros que no entiendo.
Si
he de ser sincero, tengo una deuda importante con mi capital cultural. Mi
profesor guía me prestó libros de autores con nombres que no sé cómo
pronunciar, por ejemplo, un tal, Etienne Souriau, quien parte definiendo lo que
es el arte como “la dialéctica de la promoción anafórica” o “la sabiduría
instaurativa”. El mismo autor agrega más adelante, en un tono que a mí me
pareció amenazador “quien no entienda esto, es en absoluto incapaz de entender
el arte”.
Para
mí, arte es el penal de Alexis Sánchez en la final de la Copa América o el
Corazones, de Los Prisioneros. Me cuesta hablar en términos académicos. En
realidad, no soy un académico y ahora la farsa está saliendo a la luz. Mis
lentes de marco grueso no podrán seguir sosteniendo la mentira por mucho tiempo
más, esta memoria hará que el mundo conozca la miserable verdad: no soy un
intelectual, nunca lo fui, nunca lo seré.
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