Arte, año 1999, primero
medio, noviembre.
Técnico Manual creo que
se llamaba la clase de arte en mi época, el punto es que no había entregado
ningún trabajo ese semestre y me quería salvar con el trabajo final, el tema
era el medio ambiente.
La motricidad fina no
es mi fuerte y la clase de arte siempre fue un suplicio, no es que no me guste
el arte, de hecho cuando estoy solo en el baño, cagando, un momento muy íntimo,
uno conversa consigo mismo y se realiza todo tipo de confesiones, una de las
confesiones que me hago es que soy artista y, aunque el mundo no lo sepa y no
esté escrito en mi curriculum, para bien o para mal, todo lo que toco se convierte en arte, pero
la clase de arte nunca se me dio bien.
Mi idea era trabajar con
el tópico del reciclaje. Quería crear un superhéroe del medio ambiente, como el
Capitán Planeta o algo así. Agarré una caja de zapatos, metí cuatro botellas
plásticas a los lados, a modo de piernas y manos, puse una pelota de plumavit
arriba de todo y dibujé una cara sonriente, como imagino debe ser la expresión
de un héroe del medio ambiente, positivo, optimista, buena onda. En el pecho
escribí RECICLÍN. Así lo llamé.
Pero Reciclín no obtuvo
buenas críticas. Cuando lo terminé de armar en el colegio (había que presentar
la obra frente al curso y llevé desarmado a Reciclín en la mochila pensando que
la performance iba a tener un mayor impacto, el factor sorpresa y todo eso) la
gente no entendió de qué iba la propuesta. Fue la primera vez que tuve que dar
explicaciones por mi arte, algo que se repetiría seguido, muy seguido, en el
futuro. Apunté el pecho de mi creación y dije: “Les presento a Reciclín, el
Superhéroe del reciclaje”. La profesora miró con sorpresa. Me pareció que eso
estaba bien. Estoy haciendo algo nuevo, pensé. Luego su mueca derivó en
tristeza y, finalmente, solo vi asco y desagrado en su rostro. Había preparado
una canción, con el objetivo de completar el concepto, ya no estaba muy seguro
de interpretarla, algo que también me ha seguido pasando en el arte, voy
perdiendo la seguridad inicial a medida que voy mostrando mis creaciones, la
cara del público no ayuda mucho. La canción, que interpreté a capela, decía más
o menos así:
“La naturaleza, la
naturaleza hay que cuidar y no contaminar, la basura en su lugar y el aire puro
y el aire puro hay que cuidar y no contaminar, la basura en su lugar” (8)
Mientras cantaba, movía
las manitos de Reciclín, a modo de coreografía. Todo el curso se rio de mi arte
o de mí, no sé, da igual, soy artista, así que es lo mismo. La profesora se
enojó con mis compañeros. Ordenó que levantaran la mano los que se habían
burlado de mí, el que se burló de Diego tiene que pasar adelante y pedirle disculpas.
Todo el curso levantó la mano, vi pasar a mis 40 compañeros frente a mí,
pidiendo disculpas. Yo de pie, asentía con la cabeza. No fue agradable. Luego,
la profesora se enojó conmigo, me dijo que tenía que hacer otro trabajo, que ya
no estábamos en la básica. Claramente no entendió el concepto.
Últimamente, mientras
hago la tesis me he acordado mucho de Reciclín. Tengo miedo, creo que estoy
creando otro Reciclín, pero ahora, en vez de cajas de zapatos y botellas
plásticas, utilizo textos académicos que mezclo como un DJ de las humanidades y
no sé si se va a entender, soy el Jackson Pollock de la academia, escupo cosas
en un papel en blanco y espero que tomen forma y sugieran algo, pero no me
interesa explicar nada, entiendan que no hay nada que entender, por favor.
Yo soy Reciclín,
entiendan eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario