Practicante en acción

Practicante en acción

lunes, 23 de noviembre de 2015

Corazón de Breviario

1
El practicante entra en el café. Polerón, rotas las dos mangas. Zapatillas, agujereadas, sin color. Barba, despareja. Lentes, chuecos.
¿Dónde está el baño?, pregunta. Al fondo a la izquierda, le responden.
El practicante no distingue la derecha de la izquierda. Camina hacia el sector equivocado y tropieza con la mujer que asea el lugar, él le sonríe, ella, no. Luego, se vuelve a equivocar de camino: entra a la cocina, pregunta de nuevo por el baño.
Finalmente, da con el baño. Quiere guardar su bolso en el casillero, pero no tiene cien pesos. Le pregunta a la mesera si tiene monedas para cambiar por un billete. Él sonríe, ella, no.
Parado frente al urinario se da cuenta que hay más gente alrededor. Se siente observado, intenta orinar y no puede. Cae una gotita de su pene, dos gotitas, desiste, no sale nada más.

2

En la mesa, el practicante pide un cortado grande. Escucha a una chiquilla, en otra mesa, hablar por teléfono. La niña habla de ahorrar, que quiere comprar un departamento, que planea viajar en vacaciones, que está contenta con su trabajo, pero le gustaría ganar un poco más, que el yoga pilates le hace bien, pero quisiera bajar más de peso para verse bien en el verano, es importante ahorrar, comunica de nuevo esa idea, va a comprar un auto, se despide con esa certeza.
Probablemente la niña nunca vio Trainspotting, probablemente, si la vio, no le gustó. Al practicante le gustó mucho Trainspotting, quizás, demasiado. Cada vez que sale de su casa, el practicante escucha en su cabeza, Lust for life, aunque solo esté comprando yogurt y plátanos en la esquina, igual suena Iggy Pop en su cabeza, como si su vida fuera un desenfreno total.
Quizás tendría que escuchar menos el soundtrack de Trainspotting y menos a Luca Prodan y  menos  Leonard Cohen.
Y más de la música que escucha la niña que ahorra. ¿Qué música escucha la gente que considera importante ahorrar? ¿Qué películas emocionan a alguien que hace yoga pilates para verse bien en verano? Probablemente, no sea tan distinta a mí, piensa el practicante, yo igual me sentiría más seguro con un abdomen más tonificado. Probablemente, no sea demasiado tarde para ser normal.
Llega el café, taza no muy grande, líquido tibio, en tres sorbos ya no queda nada. El practicante sigue con sed, sigue con hambre. Hunde las manos en los bolsillos, pero solo encuentra papeles con moco. Quizás, si escuchara otra música ahora tendría plata para comprar algo de comer. Quizás, si viera otras películas sería otra persona. Pero cómo dejar de escuchar el Perdedores Hermosos, si Luca Prodan se convierte en uno de tus mejores amigos, no lo puedes abandonar  tan fácil, si la voz de Leonard Cohen le hace bien a tu espíritu por la noche, ya no lo puedes dejar atrás, la suerte está echada. “Estrechez de Corazón” no se convierte en un himno por casualidad y Youtube no te ofrece canciones de Johnny Cash por accidente, sino porque  escuchas Folsom Prison Blues como un obseso.

3

El practicante anda con un libro, mientras espera el café, lee la contratapa: “Los breviarios del Fondo de Cultura Económica constituyen la base de una biblioteca que lleva la universidad al hogar, poniendo al alcance del hombre o la mujer no especializados los grandes temas del conocimiento moderno”.
La idea de llevar la universidad al hogar, fascina al practicante, quien se ve como un hombre no especializado que necesita conocer los grandes temas modernos. Siente que el Fondo de Cultura Económica pensó en él, los breviarios le pertenecen, probablemente, le terminen regalando toda la colección de breviarios algún día. La idea reconforta su corazón.

El practicante se acerca a la caja y extiende unas monedas que encuentra en su bolsillo. Son 1300 pesos, dice la niña. El practicante se queda mirándola, le gusta el flequillo de la chiquilla, se pregunta si será ramonera o rolinga, pero luego recuerda que, al igual que el peronismo, eso solo existe en Argentina. La niña repite la suma que el practicante debe cancelar, suma que no coincide con los doscientos pesos que acaba de entregar.  El practicante sigue observando a la chiquilla, chiquilla que empieza a perder la paciencia. La niña le gusta, el practicante, después de mucho cavilar, llega a esa conclusión. Pero algo perturba su frágil estado emocional, por qué todas las niñas que atraen su atención se parecen tanto entre sí, esa idea lo apuñala cual cuchillada en el hígado. Se siente atado a un solo destino, se ve transportado a un balcón frente al abismo. Sí, está claro que me atrae, pero por qué, el practicante no tiene respuestas satisfactorias. La gente del local se enoja, alguien comenta que, al parecer, el practicante está drogado. El practicante se pone nervioso, al sacar el resto de las monedas, algunas caen al suelo. Sí, está drogado, dice la niña de la caja a su colega.

El practicante toma su libro y se retira, algo avergonzado, espera, sinceramente, que Los Breviarios del Fondo de Cultura Económica sean una biblioteca de orientación y consulta con respecto a la cultura de nuestro tiempo. El practicante así lo requiere.  

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