Practicante en acción

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jueves, 26 de noviembre de 2015

31

El celular suena en el piso, no contesto, no puedo. Con una mano me agarro la tula y con la otra sujeto la sábana, la idea es hacer una carpita en torno al pene y así tener más espacio para maniobrar. Son las nueve y media de la mañana, hora de hacerse una paja, no de contestar el teléfono, cómo no saben eso.
Pornhub o Xvideos, he ahí el dilema. Últimamente, me inclino por Pornhub, su sección Mature Amateur ha sido un gran descubrimiento para este humilde servidor y por qué no decirlo, una gran compañía. No me calientan las porno stars, mucho grito, muchas caras, mucho mirar a la cámara y sacar la lengua, mucho guion, son muy buenas profesionales, se aprenden un libreto, que si bien no tiene diálogos, implica mucho dominio escénico. Por el contrario,  las mujeres maduras amateur son pura espontaneidad, si están aburridas lo demuestran, miran al tipo como diciendo, “ya poh, termina, si no es para tanto, si no es ni tan rico culiar”. Me agrada eso, ese desenfado, esa honestidad brutal, además, el gemido es mucho más suave, como una buena balada country, en contraste con el aullido de las porno stars que es como escuchar noise, como poner a Sonic Youth, pero sin la parte melódica de las canciones, solo riudo, solo distorsión. En síntesis, falta más Johnny Cash en el porno de hoy en día.
Eyaculo, una rebelde gota de semen corre por mi guata buscando manchar la sábana, cosa que debo evitar a toda costa, ya que me da vergüenza que en caso de venir visitas, vean mis sábanas tiesas y amarillentas. Muy tarde, ya se formó una posita que tapo con suma dedicación con un pedazo de confort, para disimular un poco mis huellas.
Contesto el teléfono que ha seguido sonando de manera intermitente. Es mi papá que llama para felicitarme por mi cumpleaños, me dice que espera se cumplan todos mis deseos y proyectos, le agradezco mientras limpio el semen que ha caído en las sábanas, sí, claro, le digo, los proyectos, hay que realizarlos de alguna manera. No sé de qué proyectos habla, pero quién es uno para echar abajo las fantasías que un padre construye en torno a su hijo, si esas ficciones lo hacen feliz, no veo el problema de apañar su delirio, y le respondo que sí, que tengo muchos planes para el futuro, que siento que mi vida finalmente está tomando forma (desde un retorcido punto de vista, es decir, como un cuadro de Jackson Pollock, pero forma al fin y al cabo). Senté cabeza, agrego, mientras termino de limpiarme la tula.
Como hoy es un día especial, mi cumpleaños y todo eso,  pienso empezar la jornada trabajando en la tesis como una forma de encaminar mi vida hacia la seriedad, digamos, la madurez. Pero la mañana no es buena hora para trabajar en la tesis, no quiero determinar mi día con una manera racional de pensar, establecer hipótesis, aventurar respuestas, no quiero eso a esta hora del día. Postergo la tesis.
Recuerdo que en los cines te dejan entrar gratis el día de tu cumpleaños y encamino mis pasos a Cineplanet. En boletería me felicitan por haber nacido el día de hoy, yo siento que no tuve mucho mérito en aquello, pero agradezco de la manera más sincera posible, o sea, sin mucha convicción. Me regalan dos entradas, yo le digo que me basta con una. ¿Viniste solo?, pregunta el joven de la caja con cara de estupefacción. Sí, le respondo, solo quiero una entrada. Es que la promoción es así, tienes que recibir las dos entradas y elegir dos lugares, me dicen en Cineplanet. Elijo un lugar para mí y otro para nadie, luego, tomo mi entrada y la de nadie y se las paso a la niña que corta los boletos. Oh, estás de cumpleaños, felicidades, dice y me ofrece una sonrisa que me parece sincera. Yo le devuelvo una sonrisa difícil, en mi cara se dibuja una mueca, un gesto, pero no sabría decir lo que significa. La niña me repite que la promoción es para dos personas. Le digo que no hay nadie más. ¿Viniste solo?, pregunta mientras mira el suelo y se rasca el cuello y la espalda con incomodidad, como si la soledad fuera algo contagioso, como si la miseria fuera una alergia primaveral.   
El Principito tiene poca convocatoria, al menos en Cineplanet. Son las doce del día y la sala está vacía, estaban esperando a que llegara alguien para empezar con los trailers. Luego, se sienta en la fila de adelante una mamá con tres niños, quienes se dedican a preguntarlo todo durante la siguiente hora y media: “¿Y ese quién es? El principito, responde la mamá. ¿Y por qué ocupa capa? Porque es un principito, responde la mamá. ¿Y dónde vive? En el planeta del principito”.
No fui con ninguna expectativa, pero debo decir que hace tiempo no me emocionaba tanto una película. No me acordaba mucho del libro y la película es bonita, estéticamente se siente bien. Como la sala estaba casi vacía deje salir el llanto con cada frase clásica que se sacaba el principito, “lo esencial es invisible a los ojos”, “solo con el corazón se puede ver bien”, “fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”.
El principito tiene cualquier hit, para mí, es una balada romántica superior, una canción eterna. Qué manera de llorar en el cine, no soy de llorar en lugares públicos, no porque no me den ganas, sino porque me da vergüenza, pero la sala estaba casi vacía, me deliré llorando, gemidos, mocos, esos tiritones que dan, lo deje salir todo porque el principito es pasión, yo lo vivo, lo llevo dentro, no me acordaba, pero siempre estuvo ahí.

Al salir del cine pienso que, quizás, sea una buena idea trabajar en la tesis. Pero parece que en el Hoyts también dejan pasar gratis en tu cumpleaños. Veo la cartelera y hay una que se llama “El último cazador de brujas”, con Vin Diesel. Brujas, el protagonista de Rápido y Furioso, eso no puede estar tan mal. Qué buen cumpleaños. 

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