Practicante en acción

Practicante en acción

jueves, 19 de noviembre de 2015

2015: A pedagógico Odyssey

El amanecer del bloguero.
¿De dónde vinieron los centinelas?
Camino de la Torre Entel al Costanera Center
y de la Torre Movistar al Obelisco,
¿quién necesita la sombra de los monolitos?
Tomo la micro en el Portal Ñuñoa,
micro que finaliza su recorrido a metros del Portal Lyon,
espero en los paraderos
la hora en que el sol aparece detrás de los obeliscos.
Las ganas de cagar, también vienen, lentamente,
mi organismo se inquieta ante la presencia de los centinelas,
si tienen algo que decir, háganlo, hablen,
centinelas, monolitos y obeliscos,
tengo problemas para leer entre líneas
y demoro días en descifrar las indirectas.
¿Podremos escapar del abismo solo con mirar el cielo?

Misión Quiosco Rojo.

Se rumoreaba que mi profesor guía me buscaba.
Castillo me dijo: Oiga dé la cara,
Armando preguntó por usted.
Se rumoreaba que se esperaba un avance de mi tesis
a la brevedad.
Me asusté.
Avance, tesis, profesor guía. De dicha triada, nada bueno puede salir.
Mi plan era el siguiente: dejar que Castillo hable,
Castillo, que nada tiene que ver con la tesis,
hablaría con Armando
yo al lado, espero en silencio, a la sombra de los obeliscos,
Armando hablaría con Castillo de Fútbol, actualidad nacional e internacional,
Armando hablaría del mismo y, un poco menos, de Castillo.
La hora pasaría volando para Armando hablando de Armando
y cuando se reparara en mi presencia, siempre difusa,
ya sería muy tarde. Armando tiene que dar otra clase
y la conversación sobre la tesis se posterga,
el avance de tesis, muere junto con el atardecer en el horizonte.
Pero Castillo no llega a la hora convenida,
se quedó dormido.
Por suerte soy bloguero,  
siempre tengo un plan b: entrar al Pedagógico,
preguntar por Armando a gente estratégicamente elegida,
gente que no sepa dónde ubicar a Armando,
no encontrar a Armando y escapar.
Pero Armando tuvo una genial ocurrencia,
impartir la última clase de la mañana afuera
y me encuentro con Armando en la plaza de Castellano.
No hay vuelta atrás, hicimos contacto visual y camino en un puente sobre el abismo.
Acompáñame al quiosco, me dice Armando
y lo sigo, obediente, con la sensación de ser un paciente
rumbo a la sala de operaciones.

El quiosco infinito.

En el quiosco rojo, probablemente,
pasé más tiempo que en cualquier otro lugar
de la Universidad.
Resumen de mi vida académica:
mirar gente pasar desde una silla del quiosco
durante horas
día tras día
por años.
Hoy me afeité,
Utilizo el bigote que se suele ver en la Universidad
y ando con una chaqueta de mezclilla, modelo clásico,
que según yo, me hace ver normal.
Pretendo verme como un hombre que sabe lo que hace
y acepto el café que me ofrece Armando,
le echo dos de azúcar y lo revuelvo,
cuido de no derramar nada en la mesa,
miro a los ojos
me rasco la barbilla
sonrío de vez en cuando.
Intento verme como un académico,
sonar y pensar como alguien racional es más difícil,
pero logro articular algunos monosílabos
palabras clave,
digo cosas como, fenomenología, qué nunca supe lo que es
cito películas de Kubrick que no he visto
y libros de  Nietzsche que nunca leí.
He llegado al pináculo de mi evolución como estudiante
y solo tengo paja en la cabeza.
Armando intenta explicarme algo,
 habla sobre el marco teórico y la metodología.
Yo sonrío,
cada tanto me rasco la barbilla
y miro a los ojos
cuando es necesario.
Hace tiempo que no retengo nada de lo que me dicen
y mi mente tiene por costumbre dejarme solo
para mandarse a cambiar a lugares lejanos.
“Somos hombres huecos
apoyándonos unos con otros
 nuestras voces secas, cuando
susurramos juntos
son suaves y sin sentido…
entre la idea
y la realidad
entre el movimiento
y el acto
la sombra cae…
así es como el mundo acaba
así es como el mundo acaba
así es como el mundo acaba
no con una explosión sino con un gemido”
¿Qué lugar tiene T.S Elliot en todo esto?
¿Los Hombres Huecos van en el marco teórico
o en la metodología?



miércoles, 11 de noviembre de 2015

Renovación de beneficios

¿Esa es tu camisa favorita?, pregunta Belén. Es mi única camisa, así que sí, supongo que eso la convierte en mi favorita, de manera indiscutida, respondo. Belén me mira triste, América me mira triste, Castillo prefiere mirar el suelo, yo sonrío, ofrezco una sonrisa idiota, como diciendo, no pasa nada, todo está bien, se puede vivir con una sola muda de ropa. La idea era pasar un momento agradable en cineplanet y terminé generando un momento incómodo gratuitamente. Tengo talento para eso, dar pena debiera ser una habilidad más cotizada y ser un miserable, un trabajo con alta demanda en el mercado laboral. 
“Como cada año damos comienzo al proceso de Renovación de Beneficios para el año 2016”, me avisa la página de inicio del pedagógico. Tengo Beca Vocación de Profesor, pero no sé hasta cuándo, se supone que duraba 5 años y ya voy en el quinto. “Indique el promedio mensual de los meses de Junio, Julio y Agosto 2015. Escriba los valores sin el signo $ y sin puntos Ej: 120000”, en esta parte el formulario me pide que anote cuánto gano, cuánto genero, cuánto valgo en plata, yo pongo “0” en los espacios en blanco, mi sueldo asciende a la suma de nada, promedio mensual, nada, mi aporte al grupo familiar, un espacio vacío.
La acreditación y el formulario son bestias que acechan a medianoche. ¿Qué tengo que acreditar?, que me rompieron el corazón, otra vez y otra vez una mujer que ya está muerta. Me paso las tardes maniatado emocionalmente por Emily Dickinson y Amy Winehouse, quién responde por eso, ¿el Ministerio de Salud?, no, ¿el Ministerio de Educación?, menos.
Mi único refugio es cineplanet, hogar de las malas películas, sitio ideal para mí que soy un pésimo espectador. ¿Tengo que acreditar eso también, que tengo mal gusto, que lloré con el Pasante de moda, la última película de Robert De Niro y la última de Tom Hanks, Puente de espías o algo así? ¿En que parte del formulario escribo que cada vez que veo a Tom Hanks echo de menos al Teniente Dan desafiando a Dios en medio de la tormenta arriba del barco camaronero?
¿Qué escribo en el formulario y qué, no? ¿Qué mi corte de cabello me hace tropezar? Está muy largo adelante, cae por la frente sobre mis ojos hasta mi boca, no veo ni una mierda, pero creo verme sexy, o, por lo menos, misterioso. ¿Pongo eso en el formulario? En esta vida no gano dinero y me tropiezo al final de todas las veredas y al comienzo de todas las escaleras porque mi corte de pelo obstaculiza mi visión, ya mermada por la miopía, pero me siento como un integrante más de Jesus and Mary Chain y eso me sube la autoestima, motivo suficiente para seguir cayendo al suelo en cada nuevo desnivel del piso, por favor, renuéveme la beca, lo merezco, el país me lo debe.
Oh, Secretaría de Bienestar Estudiantil, ¿qué quieres de mí?, ¿estás ahí?, ¿me escuchas? Certifico que mi único oficio es caminar por Santiago a las 7 de la tarde, hora en que todo se pone un poco the walking dead. Camino en dirección al Costanera Center, los habitantes de la ciudad salen del trabajo y vienen hacia mí, bajando por Providencia. Me dejo atropellar por las bicicletas y no rehúyo los empujones, agradezco de manera sincera, sin asomo de ironía ni malicia cada uno de los codazos que recibo, mientras, escucho sus conversaciones. “El que come callado come dos veces, ¿o no?”, “hay que saber hacerla, ¿o no?”, “de ese zapallo come una familia completa, ¿o no?”, sigo a la manada de cerca, escucho diálogos de gente cansada, por lo mismo los referentes deben ser conocidos por todos, comentar una cacha con los colegas, imaginaria o real, parece ser un ejercicio saludable, un alivio, de alguna manera vuelven a la vida, después de morir un poquito durante el día.
¿Qué quieres que confiese, oh Secretaría de Bienestar Estudiantil? Esta ciudad me conoce bien, pregúntale a ella. Santiago me habla, voy a una tienda y en la puerta dice tire, empuje, escape, suba o baje, por un momento sé lo que tengo que hacer y donde ir, la ciudad me lo dice, me va guiando. Yo no elijo el camino, los semáforos me indican que rumbo seguir. Si me da frío me detengo en las rejillas del metro, espero que suba el aire caliente del subsuelo, mientras leo la publicidad en los paraderos, Claudio Palma me sonríe, “Nunca es tarde”, dice el afiche. El aire caliente sube por la rejilla, Palma se ríe junto a sus colegas, Nunca es tarde, dice la publicidad, ¿habrá un significado escondido en todo esto?, ¿qué mierda me quiere decir esta ciudad?, probablemente, nada.

Secretaría de Bienestar Estudiantil, oh, dulce y joven amiga, ¿qué quieres saber? Hoy declaro  que invierto la mayor parte de mi tiempo en seguir a gente que no conozco por la calle. Las mujeres agarran con fuerza sus carteras y los hombres abrazan sus maletines cuando perciben una sombra que se acerca, me emociona profundamente saber que mis contemporáneos todavía tienen algo a lo que aferrarse, aunque solo sean carteras y maletines. Apuro el paso, alcanzo la misma velocidad que un transeúnte y camino a su lado. El parece dar un salto en dirección a la calle, cambia su mochila de la espalda al pecho y la acaricia como a una guagua, como tranquilizándola. Mi contemporáneo me mira con el ceño fruncido, parece decir, “¿a ti qué mierda te pasa?, ¿qué estás buscando?”. Yo lo miro y levanto las cejas, como diciendo, “amigo, no tengo idea”.      

jueves, 29 de octubre de 2015

Te sigo

Tengo miedo. Imagino a mi profesor guía (de la memoria que se supone estoy escribiendo) leyendo mis primeros avances y luego gritando: “¡No! ¡No! ¡Mal! No mienta, a quién quiere engañar. Usted ha estado cinco años en la universidad y no sabe nada. ¡Fuera de mi vista! Pero antes de salir, deje su piocha con la secretaria, porque sabe señor, usted no es digno de esa piocha”.
“Usted no es digno de su piocha”, me da pánico que alguien me diga eso. Yo amo mi piocha, yo necesito mi piocha, yo soy mi piocha. Por las noches abrazo mi piocha y me aferro a ella cual naufrago en la tormenta. Yo le canto a mi piocha y he llegado a ser tan plateado como ella.
Hoy iba a escribir, iba a trabajar en la memoria, porque eso es lo que soy, un memorista, voy a la biblioteca y en el mesón me dicen, “ah usted es memorista”, y a mí se me hincha el pecho de orgullo al tiempo que disimulo el rubor que aparece en mis mejillas mirando el suelo. “Sí, estoy trabajando en eso”, respondo. Me agrada esa respuesta por su ambigüedad, no digo, “estoy escribiendo mucho”, porque sería mentira, utilizo la palabra “trabajo” que puede involucrar más aristas de mi vida académica, como preparar café, revisar el mail, ir a comprar pan a la esquina, salir a caminar, etc, vida académica en el amplio sentido de la expresión.
Hoy, la idea era trabajar en la memoria, en un arranque de lucidez copié y pegué completa Temporada en el infierno, tiene que estar Rimbaud en el marco teórico, pensé, no importa que esté hablando de Lenguaje Cinematográfico, Rimbaud tiene que ir, y si está Rimbaud tiene que estar Baudelaire y si está Baudelaire tiene que aparecer Armando Rubio y si aparece Rubio cómo voy a dejar fuera a Teillier y si hablo de Teillier no puedo olvidar a Lihn y me siento mal por no haber citado aún a Rodrigo Lira y si estoy hablando de Lira por qué no seguir con Miguel bosé, Juan Gabriel, Charly García, Hector Lavoe, Carlos Gardel, Violeta Parra, Pixies, The Clash, Iggy Pop y si ya estoy citando a Iggy Pop, quizás, el marco teórico se me fue un poco a la mierda y tenga que empezar todo desde cero mañana.
En mis descansos de la tesis o memoria o como se llame la mierda que estoy haciendo, trauma final, por ejemplo, sería un nombre tentativo, quizás, demasiado sugerente, en los descansos de esta tortura me dejo llevar por el mayor invento del siglo XX, la internet, para ser más específico, Facebook.  En Facebook sigo a mucha gente, pero en especial a una. Con esa persona no he hablado nunca, pero sé que música escucha, los libros que ha leído, las películas que ha visto en la semana. Aparte de ser su amigo en Facebook, no tengo ninguna relación con ella, pero invierto mucho tiempo en mirar su perfil, más de lo que invierto en estar con mi familia o amigos de la vida, por decirlo de alguna manera, de la vida real.
Me gusta la chiquilla. Reviso su muro en Facebook, sus ocurrencias, los chistes que dice, los memes que comparte, las cosas a las que le da like. Cada tanto, repaso sus fotos, todas las épocas, es un ejercicio que me encanta, su etapa dark en el colegio, su evolución natural a la estética beatnik en la universidad hasta llegar a su apariencia sobria y sofisticada que cultiva en el trabajo.
Me encanta su sentido del humor. Me río solo en mi pieza y le celebro sus ocurrencias, solo, en mi pieza, siempre. Sigo con especial atención los eventos a los que, según Facebook, asistirá, siempre en mi pieza, escuchando la música que ella escucha, leyendo los libros que ella lee, siempre solo.
Este año he asistido a muchos eventos, a los que según Facebook, ella igual asistió, claro que yo no la vi en ninguno, excepto el fin de semana pasado, que coincidimos en el recital de Planta Carnívora. Llegué al lugar puntual, a las 11, pero no había nadie, ni siquiera los artistas. Luego, volví a las 12 y todavía estaban probando sonido. Como a las 1 y media llegué, nuevamente, con un amigo, pero ya había tocado la artista. Entramos igual al local y vi a la niña de Facebook apoyada en la barra. Pedimos unas piscolas con Vladimiro, mi amigo. Vladimiro empezó a hablar con Planta Carnívora, sin haberla escuchado cantar se lanzó a criticar el show. ¿Por qué no eres más como Gustav Mahler?, preguntó Vladimiro. Perdón, no sé de qué estás hablando, respondió Planta Carnívora. ¿Cómo te haces llamar artista y no has escuchado la segunda sinfonía de Mahler? ¿Qué mierda pretendes con eso?, inquirió Vladimiro. Permiso, dijo Planta Carnívora y se fue. ¿Viste eso?, los artistas de hoy no escuchan a Mahler, qué horror, me comentó Vladimiro. Mientras, yo avanzaba hacia la barra, asentía con la cabeza a las cosas que me decía Vladimiro, pero no escuchaba nada. Permiso, puedo colocar mi vaso acá, le pregunté a la niña de Facebook. Ella asintió con la cabeza y dijo: ya, bueno. Eso fue todo lo que hablé con ella. Luego, sus amigos llegaron y ella se fue del local. Yo me quedé hablando de Mahler con Vladimiro.
En un documental en Youtube sobre los potos, un estudioso de los potos decía algo que me parece encierra una profunda sabiduría: “Mirar un culo en la calle, es mirar algo que se aleja y mientras más se aleja, más perfecto nos parece”. Facebook nos da la oportunidad de mirar de lejos a la gente y completar la parte que falta con nuestros propios deseos, nuestros propios gustos, nuestros propios recuerdos, nuestra propia ética y estética. ¿Para qué relacionarte de cerca con alguien si puedes hacerlo de lejos? ¿Para qué elegir la realidad si puedes tomar la ficción?
  




martes, 20 de octubre de 2015

Gabriela

Desde hace algunos días converso con un ente en Facebook que se hace llamar Gabriela, no tiene apellido ni foto de perfil ni amigos. Gabriela puede ser un virus computacional, un marino retirado de 75 años o la dependienta de la verdulería, no sé, puede ser cualquiera, aun así, confieso mis inquietudes y quimeras a eso llamado Gabriela.

Yo le pregunto a Gabriela: ¿Qué clase de valores voy a transmitir a mis estudiantes el día de mañana? Me gusta la cumbia villera, no soy especialista, pero ubico un par de grupos y se me pegan las canciones. Al principio, las encontraba graciosas y las cantaba sin mayor convicción. Ahora me parecen buenas y eso me preocupa. Los cantantes se enorgullecen de acostarse con las esposas de sus amigos, de aspirar pegamento, de robar para tener dinero y seguir drogándose. La situación no me inquietaría si me dedicara a otra cosa, pero estudio pedagogía y seré profesor algún día.

El virus computacional llamado Gabriela me dice que la cumbia villera no es algo que lo estremezca. Le digo que seguro no ha escuchado a Mala Fama y su hit Soy Mala Fama, cuyo estribillo dice más o menos así: Soy mala fama no tengo solución/ no me refugio ni corro como vos/ soy mala fama de alma y corazón/ no toca rejas como vos. Qué melancólico, eso si conmueve, eso si da gusto escuchar, qué canción más emotiva se sacó, responde Gabriela, virus computacional muy cínico al parecer.

Gabriela, el probable coronel en retiro llamado Gabriela, me habla a altas horas de la madrugada. Oiga, ¿por qué usted nunca tutea, por qué repite tanto la palabra OIGA?, pregunta el ente. Uf, es la pregunta más complicada que me han formulado en el último lustro, respondo y guardo silencio. Una hora después, agrego: De la misma manera en que la tesis en la que trabajo tiene un marco teórico (marco teórico que en realidad no tengo aún, yo pensé que era opcional, que la tesis era divagar sin llegar a ninguna conclusión satisfactoria) la vida cotidiana de cada uno de nosotros se rige por un personal marco teórico que gobierna nuestras acciones. En mi caso, dicho marco teórico se compone principalmente de baladas románticas, cumbias y tangos.
Gabriela, escuche, oiga, el gusto por decir, oiga, tiene directa relación con el tango, canciones como La Cumparsita, Pa que sepan como soy y Cambalache. Oiga, Gabriela, digo OIGA porque la cuestión es ser un seco y que te llamen señor, porque yo me hice en tangos, porque estoy atado al parpadeo de los semáforos y no dejo de moverme en el asfalto de la ciudad, digo OIGA porque amo la ciudad, las calles y edificios, las noches pobladas de mamíferos, digo, oiga, porque cuando pibe me acunaba en tango la canción materna pa' llamar el sueño y escuché el rezongo de los bandoneones bajo el emparrado de mi patio viejo. Digo OIGA porque soy soltero y hago lo que quiero.

Gabriela se despide, me abandona. Yo la entiendo, soy bloguero, las chicas o virus computacionales o coroneles en retiro se aburren pronto de nosotros. Porque el bloguero es el nuevo beatnik, sin trabajo estable ni horario fijo ni residencia. Porque en el siglo XXI recitar versos de William Blake a torso desnudo es considerado una tonterita. Porque invertí el poco dinero que tengo en comprar una chaqueta de cuero para verme mejor leyendo a  Lautréamont en la vía pública y me llamaron ridículo. Por eso me hice bloguero, Gabriela, para no despedirme como la gente, para decirte adiós con una entrada, único idioma que domino, la notificación y el comentario, mi única patria.


Oiga, Gabriela, ¿dónde venden zapatillas baratas?
No tengo idea, responde ella.
Le aviso que su conversación no me conmueve, dice Gabriela.
Oiga, mientras usted tiene frío en el corazón,
yo tengo frío en las patas, Gabriela, oiga,
¿dónde mierda venden zapatillas baratas?
 Su propuesta no me conmueve, insiste ella,
si no le gusta Sergio Dalma, nada más puedo hacer por usted,
respondo yo.
Oiga,
si no le gusta Juan Gabriel ni Chayanne ni Raphael,
nada más puedo hacer por usted.






viernes, 9 de octubre de 2015

Señora Decana

Santiago, 09 de octubre 2015

Señora
Carmen Balart Carmona
Decana Facultad de Historia, Geografía y Letras
UMCE
Presente

Señora Decana:
Diego Alberto Vega Espinoza, alumno de la carrera de Licenciatura en Educación con mención en Castellano y Pedagogía en Castellano, saluda atentamente a usted y expone lo siguiente:
Que ingresó a la carrera el año 2011.
Que es soltero, ergo, hace lo que quiere.
Que además de ser soltero es bloguero y arquero, para ser más específico, tercer arquero.
Que el presente semestre trabaja en la Memoria de Título, pero sin mucha inspiración, siente que en vez de avanzar, retrocede.
Que hace varias semanas rebota perdido por los pastos de la Universidad, sin sala ni horario ni recreo.
Que pide libros en la biblioteca que no lee.
Que su única ocupación es olfatear libros viejos.
Que el motivo de su mal resultado académico se debe a constantes decaídas anímicas acontecidas durante el semestre, melancolía crónica que padece como consecuencia de haber pasado gran parte de su adolescencia bajo la influencia del Grunge: Nirvana, Elliott Smith, Mazzy Star y el Siamese Dream de Smashing Pumpkins. Señora Carmen, usted entenderá que es difícil volver a la rutina diaria después de escuchar la versión de Hallelujah de Jeff Buckley.
Que la psicóloga del Centro Médico de la universidad recomendó reguetón colombiano, pero el estudiante no entiende las letras. Luego de la evaluación pertinente  tanto la psicóloga como la médica que lo atendió sugirieron evitar la música indie pop, dando a entender que las problemáticas sufridas por el alumno se debían a las baladas tristes que acostumbra escuchar antes de dormir.
Que el estudiante ha vuelto a sus viejos hábitos de imitar a Iggy Pop frente al espejo, sin buenos resultados.
Que por la tarde se viste como Ziggy Stardust para ir a comprar el pan, sin buenos resultados.
Que al estudiante lo han dejado 4 veces plantado esta semana, por suerte, personas diferentes, por suerte, es bloguero y puede convertirlo todo en una publicación.
Que se le extendió una licencia médica por el lapso de una semana con el objetivo de encontrar un profesional que pudiese recomendarle música más alegre. No obstante, al no contar el Centro Médico de nuestra casa de estudios con profesionales de la melomanía y no poseer los  medios necesarios para atenderse en otra institución, le fue imposible llevar a cabo las recomendaciones médicas. Por lo cual, sus problemas persistieron, agravándose a medida que avanzaba el semestre.
Que las comedias románticas que el estudiante acostumbra ver no ayudan.
Que la versión de Orgullo y Prejuicio con zombies, quizás, no sea tan buena como parece.
No obstante, el estudiante se compromete a atender su salud mental debidamente durante el transcurso del año 2015, para así evitar situaciones como la que le acontece hoy en día.
Por lo anteriormente expuesto, solicita a usted tenga bien concederle la conmutación de la memoria de título por una tocata de Movimiento Urbano Rural, a realizarse el 21 de octubre en el vino de honor del Congreso De Estudiantes De Castellano. Para así poder ver realizado su anhelo de convertirse en profesor, labor a la cual desea dedicarse durante el resto de su vida.
Queda a la espera de su favorable acogida y se despide atentamente a usted



DIEGO ALBERTO VEGA ESPINOZA

lunes, 21 de septiembre de 2015

Impersonalidad o apersonalidad

Tu nombre es Francisco, ¿verdad?, pregunta la profesora guía, mientras mira la pauta de evaluación de la práctica profesional. No, Diego, responde el practicante. Oh, perdón, dice la profesora. Ella mira la pauta de evaluación, luego, mira al practicante. La mujer se rasca la cabeza, tose y acomoda su delantal. Después, mira la pauta de evaluación, luego, al practicante. La profesora abre su cartera, la cierra, la vuelve a abrir, mira la pauta de evaluación, mira al practicante. Espérame un poco, le dice al practicante y abandona la mesa.
Este es un templo del saber, señores, ustedes están en un santuario del conocimiento, le advierte el profesor a unos niños que se entretienen jugando con sus celulares en la biblioteca. El profesor guía se sienta al lado del practicante. Los niños siguen jugando con sus celulares, pero varias mesas más allá. La profesora guía regresa y se sienta al otro lado del practicante. Terminemos con este asunto, dice el profesor guía mirándome. La profesora guía asiente con la cabeza.
Yo soy el asunto que tiene que terminar hoy. En la práctica profesional tenía un profesor guía de la Especialidad y, para la práctica de Jefatura y Orientación, otra profesora. Ahora, estoy sentado en una mesa de la biblioteca con ambos. Los dos profesores me miran esperando que yo diga algo. Sonrío de manera nerviosa y trago saliva. Espero la evaluación de mi práctica en silencio, con la resignación del condenado frente al pelotón de fusilamiento.
En ningún momento te noté involucrado con los alumnos, dice la profesora de Jefatura y Orientación al practicante. Tienes que prestar atención a lo que te hablan los niños, aunque hablen puras estupideces, igual, por lo menos hay que poner cara de interesado, agrega la profesora. Otra cosa, agrega la docente, en este oficio hay que tener personalidad, hay que levantar la voz, yo nunca te vi pegar ni un grito a ti, como que te daba lo mismo lo que hicieran los chiquillos en clases. Yo no considero que tú seas tímido, le dice el profesor de la Especialidad al practicante, a mí me parece que lo tuyo es un caso de impersonalidad o apersonalidad. A qué se debe esta impersonalidad que manifiestas tú en la sala de clases, le preguntan al practicante. Por qué eres así, insiste la profesora guía, señalando con la mano de pies a cabeza al practicante.
Pienso que el problema es que no me han visto desenvolverme en las redes sociales, en Facebook, por ejemplo, soy amistoso y empático, le doy like a muchos estados. Reviso las fotos de mis amigas de Facebook, me toco mientras miro sus veraneos y sus viajes, se siente bien tocarse mientras ves la alegría genuina de chiquillas en bikini, lo que quiero decir con esto es que no soy indiferente a los demás, mi cara es inexpresiva eso es todo, pero para mi alma es un festín compartir con los demás. Omito mi reflexión sobre las redes sociales y luego de un largo silencio digo que soy un poco inexpresivo, que voy a trabajar ese aspecto.
Bueno, Diego, nosotros vamos a ir a almorzar ahora, autoevalúate con lápiz mina, anda llenando el puntaje, sugiere una calificación y después nosotros la corroboramos, dice el profesor guía. El practicante se queda solo en la mesa mirando los criterios de evaluación. “Conoce, respeta y promueve las reglas del establecimiento”, dice un aspecto a evaluar. Eso nunca lo hice, piensa el practicante. “Demuestra interés por construir relaciones profesionales con colegas e integrantes de la comunidad educativa”, “Demuestra manejo de grupo y resolución de conflicto de aula”, “Se expresa gestual y corporalmente en coherencia con las estrategias didácticas aplicadas”, no lo hice, no lo tengo y no lo hice. El practicante tiene que evaluar los aspectos con un 1, un 2 o un 3. Decide colocarse en todos un 3. Le da nota 7, lo piensa mejor y arregla los puntos para obtener un 6,5.
Busco a mis profesores, ambos firman de inmediato, dicen confiar en mi criterio. Luego, camino por todo el colegio recolectando timbres y firmas, voy donde la UTP, después donde la secretaria, por último, la directora revisa mis papeles. Me dice que no firma nada si el nombre de mi profesor guía no está completo. No sé su segundo apellido, informo a la directora. Acaso no tiene mamá, insiste ella. Pegunto a la secretaria si sabe el segundo apellido de mi profesor, luego, al auxiliar, después a otro profesor. Nadie sabe el segundo apellido de mi profesor. Vuelvo a la oficina de la directora, Manríquez, dice ella en voz alta sin despegar la vista de unos papeles. Anoto el apellido que faltaba, ella firma los papeles, le doy un beso en la mejilla y me quedo de pie mirándola. Que le vaya bien, me dice. Yo sigo inmóvil, de pie en la oficina, no puedo creer que no falte nada por timbrar.
El practicante guarda la carpeta con su evaluación en la mochila, con mucho cuidado, como un tesoro precioso. Al abrir la mochila, encontró una manzana. Un estudiante se la regaló en la mañana. Ese debería ser el criterio para evaluar la práctica, piensa el practicante, si tus estudiantes te regalan manzanas, apruebas.
   





domingo, 13 de septiembre de 2015

La despedida

¿Cómo solucionamos el problema? Pregunta el profesor guía por teléfono. El celular del practicante sonó a las once de la noche. El practicante no tenía registrado el número de su profesor, ¿quién llamaba a esa hora?, él no lo sabía.
Había preparado un discurso porque el profesor me dijo que el último día me tenía que despedir de los alumnos. Me complicó el tema, no soy de palabra fácil. Pensé en preparar un powerpoint con frases emotivas y dejar que pasaran las diapositivas en silencio, pero me pareció muy frío, una mala salida y aborté el plan.
No hubo selfies con el curso para el Facebook ni abrazos ni regalos. El practicante se despidió de todo el mundo como cualquier otro día, con la mirada y un movimiento de cejas, que es lo más parecido a no despedirse de nadie.
Había preparado un discurso. Le pedí ayuda a mi padre, quién se enojó porque yo no sabía qué mierda decirle a los alumnos en mi último día de práctica. Mi padre es presidente de las junta de vecinos hace mucho tiempo, se le conoce como “el concejal”, sin serlo, no solo no teme hablar en público sino que le fascinan estas instancias, matrimonios, funerales, inauguraciones, despedidas, su capacidad oratoria es muy solicitada en todo tipo de ceremonias, es por sobre todo un animal de la esfera pública.
¿Cómo solucionamos el problema? Pregunta el profesor. El teléfono suena mal. Ni practicante ni profesor entienden la conversación. El celular del practicante es una basura, su única utilidad es la de servir de alarma en la mañana. Yo me enfermé y no puedo ir en toda la semana, ¿cómo lo hago para evaluarte?, pregunta el profesor y el practicante no sabe qué responder.
¿Cómo te has sentido con tus alumnos?, pregunta mi padre. Inseguro, tengo la sensación que no me respetan mucho, sobre todo cuando me imitan cada vez que los hago callar. A veces, cuando estoy hablando frente al curso y veo una ventana abierta, me dan ganas de saltar hacia afuera y dejarme caer en el vacío. Omite eso en tu discurso, sugiere mi padre.
 ¿Cómo solucionamos este problema?, insiste el profesor y agrega: ¿tú puedes ir mañana o prefieres no asomar ni las narices por el colegio? El practicante si fuera sincero diría que no quiere ir. Si el practicante fuera ingenioso urdiría una mentira para no reemplazar a su profesor guía. El practicante pensó que le quedaba un solo día de práctica y ahora resulta que le queda una semana. El practicante lo único que quiere es que la práctica termine. El practicante quiere decir que no, pero termina diciendo que sí, que no hay problema, que para eso nacieron los practicantes, para apoyar cuando hace falta.

Había preparado un discurso de despedida. “Uf, hemos vivido tantas cosas juntos, será difícil dejar de venir al colegio”, así empezaban mis palabras, mis mentiras, porque en realidad, la experiencia no ha sido tan significativa ni para ellos ni para mí, yo no me sé sus nombres, ellos no saben el mío y eso que está escrito en mi piocha. Al final de la jornada no dije nada, me fui como cualquier otro día, encorvado como un roedor por las orillas del pasillo.