Practicante en acción

Practicante en acción

domingo, 7 de junio de 2015

La alegría de la amistad

Echo de menos mi piocha, ando como perdido sin mi delantal. Son tiempos de paro, en mi mente planifico clases que no sé si se realizarán alguna vez. Todas mis clases imaginarias empiezan con un chiste corto: venía caminando al colegio y me encontré con mi suegra, uf, mi suegra, es fea mi suegra, es tan fea que cuando nació, el doctor la tiró al cielo y dijo, si vuela es murciélago y si camina, ratón. Mmm… puede que tenga que renovar mi rutina.
En consejo de curso falta más chiste corto, los muchachos se han mostrado un poco tensos. El otro día el tema a tratar era La alegría de la amistad y cuando entré a la sala había una niña agarrando a patadas a su compañero. Mientras tanto, al fondo de la sala, un niño ahorcaba a otro, con el brazo.
Busco en el Marco para la buena enseñanza del Mineduc alguna idea que me ayude a enfrentar este tipo de contingencias. Hay un apartado que dice, “Creación de un ambiente propicio para el aprendizaje: El profesor establece un clima de relaciones de aceptación, equidad, confianza, solidaridad y respeto”. Parece una buena iniciativa, pero en ninguna parte dice cómo lograr ese clima ideal.
Dejo de lado el Marco para la buena enseñanza y me dirijo al abusador, quien es más grande que yo y, eventualmente, podría tirarme por la ventana. Suelta a tu compañero, dije. Pero si estamos jugando, me respondió el niño matón, su compañero tosía y miraba el suelo. Me pongo en medio de los dos y los separo a la fuerza, con los brazos. No es la forma más elegante, pero no se me ocurre otra.
Luego, voy al otro extremo de la sala, le digo a una niña que deje de patear a su compañero. Me mira, sin dejar de tirar patadas, y me dice que no le está pegando. Deja tranquilo a tu compañero, insisto. Si no le duele, responde ella. En la clase sobre la amistad, me siento más un árbitro de combates “Todo vale”, que un profesor.
Los estudiantes ven un cortometraje, que habla del respeto mutuo, el amor fraternal, etc. Un estudiante se acerca y a pito de nada me dice que va a traer una metralleta porque quiere matar a todos sus compañeros. Primero, creo que está hueviando. Le digo que siga viendo el video. Se pone más serio que antes y reitera la idea de traer una metralleta. Me empiezo a asustar y mi primer impulso es decirle que espere a que termine mi práctica para desatar su locura. Pero después me acuerdo de mi tarea de formador y todo eso, le digo que si tiene problemas hay otro tipo de caminos, como el diálogo basado en el respeto, por ejemplo. La solución para mis problemas es una metralleta, me dice antes de salir a recreo. No me parece una buena idea, respondo. Es la mejor idea, insiste él y se va.
Algo me dice que no se entendió el mensaje del cortometraje, probablemente haga falta más de una clase para profundizar en La alegría de la amistad.
  


domingo, 31 de mayo de 2015

Inmigrante tecnológico

Mi colegio se adhirió al paro convocado por el Colegio de Profesores y yo todavía no hago ninguna clase en mi práctica. Hasta el momento he colaborado, hago callar a los alumnos, intento que no se peguen tanto, reviso pruebas, ese tipo de cosas, pero ya se acabó mayo y todavía no he hecho clases.
Shhh, realizo mucho ese sonido. Shhh, de manera breve, si es que hay pocos hablando o un shhh impetuoso, cuando las cosas se están saliendo de control en la sala. Soy un profesional del shhh. Puedo planificar una secuencia didáctica completa solo utilizando el shhh.
Para ser sincero, estaba en problemas. Mi profesor guía me dijo que en junio debía tomar un rol más protagónico, dejar de decir shhh todo el rato y hacer otras cosas, como explicar el objetivo de la clase, realizar una síntesis al final, motivar a los alumnos, etc.
El punto es que lo mío son los roles secundarios. Me siento bien pasando lista, tengo mucho talento para eso, decir una apellido en voz alta y esperar a que el alumno levante su mano y diga presente, eso lo hago muy bien. Pasar lista y decir shhh, decir shhh y pasar lista, ese es mi territorio.
¿Cómo se dice, la tablet o el tablet? ¿Cómo se pronuncia? ¿Cómo se utiliza, se parece a un celular, pero más grande? Mi celular tampoco es muy avanzado, solo sirve para llamar o mandar mensajes, no tengo ni juegos, la tecnología touch no ha llegado a mi vida.
Tengo que enseñar a los estudiantes a realizar una presentación en Prezi, utilizando la tablet o el tablet, como se diga. No tengo tablet y nunca he hecho nada en Prezi, yo soy más del PowerPoint, de lo predecible y estático.
Los niños van muy rápido y yo, muy lento. El otro día, en consejo de curso con un séptimo, quería motivarlos a cumplir sus metas y puse el video de la final de Massú en Atenas 2004. Pero ellos, los estudiantes, en ese entonces tenían como 2 años y no recordaban mucho la hazaña del Vampiro. Probablemente su otro video clásico habría sido más efectivo, en donde sale diciendo, “en esta vida nada es imposible, hueón, ni una hueá”, ese discurso siempre me emociona, pero el lenguaje no es apropiado para un curso de enseñanza básica.
En esa misma clase, una profesora me pidió que me metiera a internet en el computador para mostrarle un cortometraje a los niños, no supe cómo, no tengo nada con wi-fi. Le dije que no se podía, me dio vergüenza reconocer que no sabía. No importa, respondió ella, utiliza mi celular para compartir internet. Yo tomé el celular y no sabía ni cómo encenderlo, pasaba el dedo por la pantalla y no aparecía ningún ícono que me salvara del desastre. La profesora se percató de mi evidente inoperancia con todo lo relativo al siglo XXI y puso ella el cortometraje
Voy a tener que actualizarme o hacer clases en una granja amish, no hay más opciones. Igual la estética amish me agrada, pero me tinca que son un poco conservadores y yo soy artista, mi ética y estética tienen que ver más con la vanguardia que con la tradición


miércoles, 13 de mayo de 2015

Las practicantes

En algún momento se me atrofió el sentido del humor, el sentido del buen gusto y el sentido común. Las habilidades blandas se me endurecieron, me cuesta iniciar una conversación con una persona sin referirme al clima, la hora o la fecha.
A mi padre le preocupa mi ostracismo. Me pregunta insistentemente por las practicantes del colegio, si converso con ellas, si hago vida social, etc. Yo respondo a todo que sí, mientras miro el resumen de los goles en las noticias. Mi papá me habla mucho de mujeres, como para asegurarse que soy heterosexual. Atractiva la chiquilla, me dice, cuando aparece alguna modelo dando el tiempo. Yo le respondo que no me gusta su ropa, que la niña tiene un mal concepto de la moda. Mi papá se inquieta y se atora con la sopa. Entonces, le digo que la chiquilla igual está rica, aunque tenga un gusto dudoso a la hora de elegir su outfit.
Son lindas, las practicantes. Se reúnen en la biblioteca en los recreos, las de inglés y las de educación física utilizan una mesa, las de matemáticas, se sientan en otra. Yo, en un rincón, me siento solo y las observo. Hago como que leo, pero en realidad estoy pendiente de lo que hablan, de sus risas y la manera en que caminan.  
Ayer, mientras esperaba al profesor guía afuera de la sala de profesores, conversé con una practicante de inglés. Me preguntó cuál era mi especialidad, dónde estudiaba y ese tipo de cosas. Resultó que teníamos conocidos en común y fue incómodo porque no tenía buenas referencias de mis amigos. Yo me alegré al principio y hablé con orgullo de mis camaradas. ¿Sabes lo que le hizo M… a mi mejor amiga?, me preguntó. M… es un tipazo, nada malo, supongo, respondí yo. Empezó a salir con mi amiga, le pidió pololeo y después de meses, cuando ella no podía estar más enamorada, supo que él tenía un hijo con otra, me dijo la practicante. Oh, respondí yo. Y eso no es todo, dijo ella, resulta que él todavía vivía con su hijo y su ex, qué te parece, preguntó. Mal, no estuvo bien ahí mi amigo, reconocí.  
Hubo un largo silencio fuera de la sala de profesores. Yo me quería ir, pero mi profesor guía no llegaba nunca. Y si conoces a M… entonces, también ubicas a los hermanos R… me dijo la practicante de inglés. Respondí que sí, que efectivamente son grandes amigos míos. Qué asco, dijo ella, me contaron que tenían relaciones sexuales entre ellos, de hecho, yo una vez los vi darse un beso con lengua en un recital de poesía. Lo del beso en la boca, fue un acto poético, amor fraternal, insistí ante su mirada escéptica. Y no tiran entre ellos, le digo, pero hablo demasiado fuerte y atraigo la atención del inspector, quien mira con el ceño fruncido hacia mí.
Esa fue la primera y última vez que hablé con una practicante, la niña de inglés ahora prefiere mirar hacia otro lado cuando nos encontramos de frente en el pasillo, ni me saluda. Es una pena, porque estaba harto rica, a pesar que su gusto al momento de escoger el outfit del día es más que dudoso.



viernes, 8 de mayo de 2015

Tempus fugit

Perdí una carpeta con pruebas que tenía que revisar, la dejé en alguna parte, el baño, la biblioteca, la sala, el quiosco, en algún lugar del colegio hay 37 pruebas del 7°C esperando ser corregidas por mí, cuánto durará la espera, no lo sé, quizás, para siempre.
¿Cuál es el oficio ideal para alguien distraído o huevón? Necesito encontrar un trabajo en el que pueda pensar siempre en otra cosa, algo mecánico y sin consecuencias. No es el caso de la pedagogía, los niños son impredecibles, sacan comentarios de la nada y uno no sabe qué contestar.
Profesor, yo sé donde usted vive, me dijo un alumno el otro día. Ah, somos vecinos, contesté. No, dijo él, mientras me miraba fijo y serio. ¿Me has estado espiando?, pregunté. El resto de sus compañeros miraba expectante la escena, él sonrió maliciosamente y siguió caminando por el pasillo. Los estudiantes ya saben que yo reviso sus pruebas y han cambiado su actitud conmigo, ahora claramente soy del bando enemigo.
No sé si tendrá relación, pero esa misma semana me estaba duchando y alguien cortó el agua de la casa en el jardín. La tarde siguiente, alguien movió algo en el medidor de la casa y se cortó la luz. Ahora esto, cómo se me pierden las pruebas. De la misma manera que se me quedan los lentes al salir de la casa, supongo. Alguien que olvida la mochila en el maletero cuando viaja en bus no debería extrañarse por este tipo de cosas.   
Puede que ande un poco perseguido, con la edad me he vuelto olvidadizo y paranoico. Me están saliendo canas en el bigote y toso mucho con el viento helado de Hualpén. Ando con pastillas de menta en el bolsillo, para cuando me pica mucho la garganta en clases. No hay duda, estoy envejeciendo. El paso del tiempo es inexorable, incluso para mí, que siempre me creí el eterno poeta adolescente, el Arthur Rimbaud de Villa Acero.  



martes, 28 de abril de 2015

Judá Ben Hur

Judá Ben Hur en las galeras, un romano con dos martillos marca el ritmo, otro, con un látigo, camina por el pasillo y grita: “¡A todos ustedes se les condenó, les mantenemos vivos  para servir a esta nave, por lo tanto, remen y vivirán!”.
La educación chilena está muy Ben Hur. Avanzo por los pasillos de la sala, les digo a los estudiantes que saquen sus cuadernos y abran el libro de la asignatura. Profesor, así no, me dice una niña, hay que gritar y golpear la mesa, ¡saca tu cuaderno!, grita la alumna, mientras apunta la cara de su compañera con el dedo índice. Hay que demostrar autoridad, agrega la niña, mirándome con cara de locura y rabia.
No sé por qué, pero mientras estoy en la sala, recuerdo escenas de Nacido para matar, el sargento Hartman recibe a los reclutas: “Son solo vómito, la forma más baja de la tierra, son un montón de pedazos de mierda de cerdo. Yo soy muy duro y no van a quererme, pero mientras más me odien, más entenderán”
Chile se ha vuelto muy Kubrick o Kubrick era chileno, no sé, no lo tengo claro, el caso es que en el colegio, los niños exigen que el profesor grite, anote en el libro y llame al apoderado, están acostumbrados a eso y cuando no lo tienen, se desesperan.
Profesor, anótelo, anda con jeans y zapatillas, me dice un alumno respecto de su compañero. Profesor, mire, está comiendo, échela de la sala, grita una niña acusando a otra. Por algún motivo les gusta la represión y hacen lo posible por transformarme en un gendarme, es como si quisieran ser educados por las Fuerzas Especiales.

No quiero ser un hijo de puta, lo digo con todo respeto, la prostitución es un oficio respetable como cualquier otro, uno de los más antiguos, dicen los historiadores, me refiero a que no quiero andar con un látigo obligando a otro ser humano a desarrollar una tarea determinada, quiero ser amable, dulce y sensible, como la criatura delicada que soy, quiero que mi performance pedagógica se base en el chiste corto y la balada romántica, quiero más canciones de amor y menos represión, cómo va a ser tan difícil de conseguir.

sábado, 25 de abril de 2015

Váyanse o váyansen

Profesor, cómo se dice, váyansen o váyanse, me pregunta un estudiante mientras enciendo el computador. La profesora guía me dijo que hablara de la autoestima. Busqué material en youtube sobre el tema, elegí dos cortometrajes, le doy play al primero, trata de un ratoncito con las orejas grandes, todo el mundo se burla de él, pero logra ser feliz con la ayuda de un niño que también es orejón.
Profesor, cómo se dice, váyansen o váyanse, me pregunta a cada rato un alumno. Pido silencio al curso. Los niños están molestando a uno de sus compañeros, dicen que se parece al ratoncito del corto. Yo hablo de respeto, de ser conscientes, las palabras que decimos pueden afectar la sensibilidad de lo demás, mientras digo ese tipo de cosas, atrás, siguen molestando a un niño con el ratoncito del video. Exijo respeto por el compañero y pongo el otro video, mágicamente las luces y el movimiento de las imágenes silencian al curso.
Profesor, cómo se dice, vayánsen o váyanse, insiste el mismo niño. El curso ahora molesta a una compañera, dicen que se parece a la protagonista del video. El corto mostraba a una persona rompiendo un espejo, peleando con su propia imagen. La idea era reflexionar un poco, decir cosas como, es saludable sentir amor por uno mismo, hay que centrarse en las cosas positivas y seguir adelante, quería compartir ideas que leí en google  y me parecieron adecuadas.
Me cuesta Consejo de Curso. Me duele Consejo de Curso. ¿Quién mierda inventó Consejo de Curso? Recuerdo lo aprendido en mi clase de Orientación. La profesora nos pasó una guía titulada, Ejercicios de Comunicación en el aula, con muchas preguntas, ¿Quién es la persona que más ha influido en tu vida y por qué?, si pudieras convertirte en un animal, ¿en qué animal te convertirías? ¿por qué?, si un genio te concediera tres deseos, ¿qué le pedirías?, si tuvieras que llevarte a una isla desierta solo tres cosas, ¿qué te llevarías? Me costó responder el cuestionario, son preguntas difíciles. No aprendí a orientar en mi clase de Orientación y ahora sufro las consecuencias.   
Profesor, cómo se dice, váyansen o váyanse, me siguen preguntando. Sé que es una broma que le hacen los alumnos a los profesores, sé que debo ignorar la pregunta y seguir adelante, pero estoy ocupado tratando que un alumno no le rompa la cabeza a otro, con una silla. Se dice, váyanse, respondo. La profesora me mira desde el otro extremo de la sala, ¡No, no lo digas!, me grita. Demasiado tarde, la mitad del curso ya está fuera de la sala gritando y corriendo por los pasillos.
La inspectora nos ayuda en la amarga tarea de llevar a los niños de vuelta a la sala. Mi profesora guía le explica la situación, se incorpora la directora a la discusión, quien me recuerda que los estudiantes en práctica debemos ser un aporte en la sala de clases. Asiento con la cabeza y se me viene a la mente mi mochila en el suelo haciendo tropezar a la profesora guía, mis manos torpes dejando caer los parlantes de la profesora en la mesa, las veces que me he quedado dormido al fondo de la sala mientras ella explica algo y pienso que quizás deba trabajar un poco más eso de ser un aporte.

Entramos a la sala. Los niños vuelven a sus puestos. Un estudiante me pregunta, profesor, como se dice muéranse o muéransen. Muéranse, respondo yo. Todo el curso cae al suelo. La profesora me mira desde su asiento con los ojos muy abiertos, como diciendo, cómo tan huevón. Yo me encojo de hombros, siempre es posible ser un poco más huevón. 

martes, 14 de abril de 2015

La isla de la reina muerte

Profesor, no se ofenda, pero usted parece de esas personas a las que les gusta leer, me dice un niño de 7° básico. El gusto por la lectura, para los niños, es motivo de vergüenza y humillación. La biblioteca es más un lugar de encuentro, una especie de cafetería con sillas cómodas, que un espacio de reflexión donde se cultiva el espíritu. A los estudiantes les cuesta tener un libro demasiado tiempo en sus manos, un gesto de asco empieza a aparecer en sus caras, cualquier cosa parece más atractiva que terminar el cuento que empezaron. Edgar Allan Poe, Robert Louis Stevenson, Chesterton, Cortázar, no importa, cualquier objeto con demasiadas letras parece un mierda para un adolescente en el colegio.
Profesor, usted me cae bien, me dice una niña en el pasillo. Otra niña se acerca, me pide que la abrace y estira sus manos hacia mí. Yo, muy nervioso, esquivo a las chiquillas y apuro el paso, la directora está mirando atenta la escena desde la escalera, no quiero que se malinterprete la situación. Sucede que para los niños, por algún motivo, soy como la mascota del curso. Cuando estoy sentado leyendo se acercan y me palmotean la espalda o la cabeza, como quien le hace cariño al gato en el living de su casa. En los recreos me ofrecen galletas, pastillas, estoy seguro que esperan que me ponga a ronronear o a jugar con un ovillo de lana, en cualquier momento llegan con un plato con atún y una caja con aserrín para que haga mis necesidades.
Profesor, las niñas se comportan como niños y los niños, como niñas, es un desafío este curso, me dice la profesora que me guía en la práctica de jefatura. Asiento con la cabeza, aunque no alcanzo a descifrar el sentido de lo que me quiso decir Beatriz, la profesora. Entramos a la sala de un 8° básico y ella se pone a retar a los cabros porque se portan mal, de seguir así, algunos se van a tener que ir del colegio, le informa al curso. Una niña responde que la educación es un derecho que se ganó con sangre, que nadie les puede quitar eso, acto seguido, sus compañeros aplauden de pie y la proponen de manera unánime como la nueva presidenta de curso. ¿Y el Mati?, pregunta alguien. Ese no tiene ni un brillo, responde otro desde el final de la sala. Todo el curso ríe, mientras, Mati, el actual presidente, mira cabizbajo la situación.
Estos niñitos están imposibles hoy día, hazte cargo tú, yo tengo que terminar de corregir unas pruebas, me dice Beatriz. Estamos en consejo de curso y se me ha encomendado que hable de la autodisciplina. Para ser sincero, no es un tema en el que haya reflexionado mucho a lo largo de la vida. Parto hablando de ellos, de la situación difícil que viven como curso, muchas anotaciones, muchos en peligro de expulsión, mucho desorden. Mi intervención se llena de términos propios de un video motivacional de youtube, fuerza de voluntad, persistencia, metas, valores, compromiso con uno mismo, respeto, todo eso. Como respuesta a mi performance, todo el curso me ha dejado de poner atención a los cinco minutos.
Profesor, mi mamá no me deja ver estos monitos, me dice un niño de la primera fila. Para motivar la reflexión traje unos videos, el primero es “Ikki en la isla de la reina muerte”, capítulo de Los Caballeros del Zodiaco, que habla de sacrificio, trabajo duro y todo eso, pero el niño sigue insistiendo, profesor, mi mamá no me deja ver estos monitos. La profesora me dice que es un alumno con asperger y que a veces se enoja con facilidad. Tú, no mires, le dice la profesora. El niño tapa sus oídos con la mano y mira el suelo, pero sus compañeros le sacan las manos de los oídos y se ríen,  mientras, Ikki relata sus peripecias en la isla de la reina muerte. Beatriz interviene, ordena que lo dejen tranquilo. Yo detengo el video. Luego, pongo un cortometraje animado de Pixar que me parece más amistoso, así todos lo pueden disfrutar y ver más tranquilos. El estudiante que antes tapaba sus oídos y miraba el suelo, ahora está feliz con los monitos, pero el resto del curso pifia, los niños me gritan que el video es fome. No sé cómo integrar a los estudiantes integrados, valga la redundancia.   

Profesor, así me llama la gente, pero siento que no soy digno de mi piocha.