¿Esa es tu camisa
favorita?, pregunta Belén. Es mi única camisa, así que sí, supongo que eso la
convierte en mi favorita, de manera indiscutida, respondo. Belén me mira
triste, América me mira triste, Castillo prefiere mirar el suelo, yo sonrío, ofrezco
una sonrisa idiota, como diciendo, no pasa nada, todo está bien, se puede vivir
con una sola muda de ropa. La idea era pasar un momento agradable en cineplanet
y terminé generando un momento incómodo gratuitamente. Tengo talento para eso,
dar pena debiera ser una habilidad más cotizada y ser un miserable, un trabajo
con alta demanda en el mercado laboral.
“Como cada año damos
comienzo al proceso de Renovación de Beneficios para el año 2016”, me avisa la
página de inicio del pedagógico. Tengo Beca Vocación de Profesor, pero no sé
hasta cuándo, se supone que duraba 5 años y ya voy en el quinto. “Indique el
promedio mensual de los meses de Junio, Julio y Agosto 2015. Escriba los
valores sin el signo $ y sin puntos Ej: 120000”, en esta parte el formulario me
pide que anote cuánto gano, cuánto genero, cuánto valgo en plata, yo pongo “0” en
los espacios en blanco, mi sueldo asciende a la suma de nada, promedio mensual,
nada, mi aporte al grupo familiar, un espacio vacío.
La acreditación y el
formulario son bestias que acechan a medianoche. ¿Qué tengo que acreditar?, que
me rompieron el corazón, otra vez y otra vez una mujer que ya está muerta. Me
paso las tardes maniatado emocionalmente por Emily Dickinson y Amy Winehouse,
quién responde por eso, ¿el Ministerio de Salud?, no, ¿el Ministerio de
Educación?, menos.
Mi único refugio es
cineplanet, hogar de las malas películas, sitio ideal para mí que soy un pésimo
espectador. ¿Tengo que acreditar eso también, que tengo mal gusto, que lloré
con el Pasante de moda, la última película de Robert De Niro y la última de Tom
Hanks, Puente de espías o algo así? ¿En que parte del formulario escribo que
cada vez que veo a Tom Hanks echo de menos al Teniente Dan desafiando a Dios en
medio de la tormenta arriba del barco camaronero?
¿Qué escribo en el
formulario y qué, no? ¿Qué mi corte de cabello me hace tropezar? Está muy largo
adelante, cae por la frente sobre mis ojos hasta mi boca, no veo ni una mierda,
pero creo verme sexy, o, por lo menos, misterioso. ¿Pongo eso en el formulario?
En esta vida no gano dinero y me tropiezo al final de todas las veredas y al
comienzo de todas las escaleras porque mi corte de pelo obstaculiza mi visión,
ya mermada por la miopía, pero me siento como un integrante más de Jesus and
Mary Chain y eso me sube la autoestima, motivo suficiente para seguir cayendo
al suelo en cada nuevo desnivel del piso, por favor, renuéveme la beca, lo
merezco, el país me lo debe.
Oh, Secretaría de
Bienestar Estudiantil, ¿qué quieres de mí?, ¿estás ahí?, ¿me escuchas? Certifico
que mi único oficio es caminar por Santiago a las 7 de la tarde, hora en que
todo se pone un poco the walking dead. Camino en dirección al Costanera Center,
los habitantes de la ciudad salen del trabajo y vienen hacia mí, bajando por
Providencia. Me dejo atropellar por las bicicletas y no rehúyo los empujones,
agradezco de manera sincera, sin asomo de ironía ni malicia cada uno de los
codazos que recibo, mientras, escucho sus conversaciones. “El que come callado
come dos veces, ¿o no?”, “hay que saber hacerla, ¿o no?”, “de ese zapallo come
una familia completa, ¿o no?”, sigo a la manada de cerca, escucho diálogos de
gente cansada, por lo mismo los referentes deben ser conocidos por todos,
comentar una cacha con los colegas, imaginaria o real, parece ser un ejercicio
saludable, un alivio, de alguna manera vuelven a la vida, después de morir un
poquito durante el día.
¿Qué quieres que
confiese, oh Secretaría de Bienestar Estudiantil? Esta ciudad me conoce bien,
pregúntale a ella. Santiago me habla, voy a una tienda y en la puerta dice
tire, empuje, escape, suba o baje, por un momento sé lo que tengo que hacer y
donde ir, la ciudad me lo dice, me va guiando. Yo no elijo el camino, los
semáforos me indican que rumbo seguir. Si me da frío me detengo en las rejillas
del metro, espero que suba el aire caliente del subsuelo, mientras leo la
publicidad en los paraderos, Claudio Palma me sonríe, “Nunca es tarde”, dice el
afiche. El aire caliente sube por la rejilla, Palma se ríe junto a sus colegas,
Nunca es tarde, dice la publicidad, ¿habrá un significado escondido en todo
esto?, ¿qué mierda me quiere decir esta ciudad?, probablemente, nada.
Secretaría de Bienestar
Estudiantil, oh, dulce y joven amiga, ¿qué quieres saber? Hoy declaro que invierto la mayor parte de mi tiempo en
seguir a gente que no conozco por la calle. Las mujeres agarran con fuerza sus
carteras y los hombres abrazan sus maletines cuando perciben una sombra que se
acerca, me emociona profundamente saber que mis contemporáneos todavía tienen
algo a lo que aferrarse, aunque solo sean carteras y maletines. Apuro el paso,
alcanzo la misma velocidad que un transeúnte y camino a su lado. El parece dar
un salto en dirección a la calle, cambia su mochila de la espalda al pecho y la
acaricia como a una guagua, como tranquilizándola. Mi contemporáneo me mira con
el ceño fruncido, parece decir, “¿a ti qué mierda te pasa?, ¿qué estás buscando?”.
Yo lo miro y levanto las cejas, como diciendo, “amigo, no tengo idea”.
Oiga, es lo único que nos queda frente a la burocracia: volverse loco, perder el juicio.
ResponderEliminarBasta de formularios, oiga, el bloguero solo quiere ser maravilloso, a no olvidar.
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