Practicante en acción

Practicante en acción

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Renovación de beneficios

¿Esa es tu camisa favorita?, pregunta Belén. Es mi única camisa, así que sí, supongo que eso la convierte en mi favorita, de manera indiscutida, respondo. Belén me mira triste, América me mira triste, Castillo prefiere mirar el suelo, yo sonrío, ofrezco una sonrisa idiota, como diciendo, no pasa nada, todo está bien, se puede vivir con una sola muda de ropa. La idea era pasar un momento agradable en cineplanet y terminé generando un momento incómodo gratuitamente. Tengo talento para eso, dar pena debiera ser una habilidad más cotizada y ser un miserable, un trabajo con alta demanda en el mercado laboral. 
“Como cada año damos comienzo al proceso de Renovación de Beneficios para el año 2016”, me avisa la página de inicio del pedagógico. Tengo Beca Vocación de Profesor, pero no sé hasta cuándo, se supone que duraba 5 años y ya voy en el quinto. “Indique el promedio mensual de los meses de Junio, Julio y Agosto 2015. Escriba los valores sin el signo $ y sin puntos Ej: 120000”, en esta parte el formulario me pide que anote cuánto gano, cuánto genero, cuánto valgo en plata, yo pongo “0” en los espacios en blanco, mi sueldo asciende a la suma de nada, promedio mensual, nada, mi aporte al grupo familiar, un espacio vacío.
La acreditación y el formulario son bestias que acechan a medianoche. ¿Qué tengo que acreditar?, que me rompieron el corazón, otra vez y otra vez una mujer que ya está muerta. Me paso las tardes maniatado emocionalmente por Emily Dickinson y Amy Winehouse, quién responde por eso, ¿el Ministerio de Salud?, no, ¿el Ministerio de Educación?, menos.
Mi único refugio es cineplanet, hogar de las malas películas, sitio ideal para mí que soy un pésimo espectador. ¿Tengo que acreditar eso también, que tengo mal gusto, que lloré con el Pasante de moda, la última película de Robert De Niro y la última de Tom Hanks, Puente de espías o algo así? ¿En que parte del formulario escribo que cada vez que veo a Tom Hanks echo de menos al Teniente Dan desafiando a Dios en medio de la tormenta arriba del barco camaronero?
¿Qué escribo en el formulario y qué, no? ¿Qué mi corte de cabello me hace tropezar? Está muy largo adelante, cae por la frente sobre mis ojos hasta mi boca, no veo ni una mierda, pero creo verme sexy, o, por lo menos, misterioso. ¿Pongo eso en el formulario? En esta vida no gano dinero y me tropiezo al final de todas las veredas y al comienzo de todas las escaleras porque mi corte de pelo obstaculiza mi visión, ya mermada por la miopía, pero me siento como un integrante más de Jesus and Mary Chain y eso me sube la autoestima, motivo suficiente para seguir cayendo al suelo en cada nuevo desnivel del piso, por favor, renuéveme la beca, lo merezco, el país me lo debe.
Oh, Secretaría de Bienestar Estudiantil, ¿qué quieres de mí?, ¿estás ahí?, ¿me escuchas? Certifico que mi único oficio es caminar por Santiago a las 7 de la tarde, hora en que todo se pone un poco the walking dead. Camino en dirección al Costanera Center, los habitantes de la ciudad salen del trabajo y vienen hacia mí, bajando por Providencia. Me dejo atropellar por las bicicletas y no rehúyo los empujones, agradezco de manera sincera, sin asomo de ironía ni malicia cada uno de los codazos que recibo, mientras, escucho sus conversaciones. “El que come callado come dos veces, ¿o no?”, “hay que saber hacerla, ¿o no?”, “de ese zapallo come una familia completa, ¿o no?”, sigo a la manada de cerca, escucho diálogos de gente cansada, por lo mismo los referentes deben ser conocidos por todos, comentar una cacha con los colegas, imaginaria o real, parece ser un ejercicio saludable, un alivio, de alguna manera vuelven a la vida, después de morir un poquito durante el día.
¿Qué quieres que confiese, oh Secretaría de Bienestar Estudiantil? Esta ciudad me conoce bien, pregúntale a ella. Santiago me habla, voy a una tienda y en la puerta dice tire, empuje, escape, suba o baje, por un momento sé lo que tengo que hacer y donde ir, la ciudad me lo dice, me va guiando. Yo no elijo el camino, los semáforos me indican que rumbo seguir. Si me da frío me detengo en las rejillas del metro, espero que suba el aire caliente del subsuelo, mientras leo la publicidad en los paraderos, Claudio Palma me sonríe, “Nunca es tarde”, dice el afiche. El aire caliente sube por la rejilla, Palma se ríe junto a sus colegas, Nunca es tarde, dice la publicidad, ¿habrá un significado escondido en todo esto?, ¿qué mierda me quiere decir esta ciudad?, probablemente, nada.

Secretaría de Bienestar Estudiantil, oh, dulce y joven amiga, ¿qué quieres saber? Hoy declaro  que invierto la mayor parte de mi tiempo en seguir a gente que no conozco por la calle. Las mujeres agarran con fuerza sus carteras y los hombres abrazan sus maletines cuando perciben una sombra que se acerca, me emociona profundamente saber que mis contemporáneos todavía tienen algo a lo que aferrarse, aunque solo sean carteras y maletines. Apuro el paso, alcanzo la misma velocidad que un transeúnte y camino a su lado. El parece dar un salto en dirección a la calle, cambia su mochila de la espalda al pecho y la acaricia como a una guagua, como tranquilizándola. Mi contemporáneo me mira con el ceño fruncido, parece decir, “¿a ti qué mierda te pasa?, ¿qué estás buscando?”. Yo lo miro y levanto las cejas, como diciendo, “amigo, no tengo idea”.      

2 comentarios:

  1. Oiga, es lo único que nos queda frente a la burocracia: volverse loco, perder el juicio.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Basta de formularios, oiga, el bloguero solo quiere ser maravilloso, a no olvidar.

      Eliminar