Tenía 12 años cuando me
senté en el banco de suplentes. Renegué de mi pasado y prendí fuego a mis
sueños de gloria para asegurar mi futuro en la banca. La suplencia fue una
elección del corazón y por qué no, del instinto. Justo el día en que el
entrenador me mandó a la banca encontré mi lugar en el mundo, junto a otros
entusiastas del fútbol, pero sin talento para practicar el deporte rey.
En la banca conocí a
otras criaturas como yo, sin espíritu de competitividad, de hecho, nunca nos
dolió mucho que el equipo perdiera. Nuestro estado físico tampoco era el mejor,
nos molestaba que el entrenador nos llamara para jugar unos minutos: no solo
porque nos cansáramos fácilmente, sino más bien porque interrumpía la conversación,
la banca era una especie de tetería para nosotros.
No sé si soy melancólico
porque en mi adolescencia fui tercer arquero o soy tercer arquero porque en mi
adolescencia fui un chico melancólico, el punto es que como se tenían que
lesionar dos personas para que me tocara jugar, el arquero titular y, luego, el
segundo arquero, yo pasé muchas temporadas en la banca, lo que se traduce en
mucho tiempo para pensar. Por esta razón creo que soy bloguero, que es la
evolución natural de todo tercer arquero.
Ahora, no sé si soy
soltero porque soy bloguero o soy bloguero porque soy soltero, lo cierto es que
el blog es un oficio solitario, muchas veces, uno descuida cosas como el
cuidado de la higiene personal, por ejemplo, o se tira peos y chanchos sonoros
en lugares públicos, como el cine o el metro y es que uno tiene el blog en la
piel, el bloguero nato lleva la anécdota pegada a la mente.
En este oficio uno
tiene dos vidas, como Batman o Superman, por ejemplo. Siguiendo esta idea, el
día de hoy, Diego Vega, podríamos decir que tuvo un día más bien mediocre, su
profesor guía aún no revisa su tesis, probablemente, se olvidó de la existencia
de él y de su tesis y Diego Vega no halló nada mejor que ver la Champions
League a ver si se le ocurría una idea para su tesis viendo algo de fútbol,
cosa difícil, pero Diego Vega lo intentó y como era de esperar, no tuvo buenos
resultados. Después, vio la película de Batman y Superman, a ver si podía sacar
alguna idea para su tesis, que habla de cine o al menos eso piensa Diego Vega,
pero tampoco se le ocurrió nada. En conclusión, podríamos decir que el día de
Diego Vega fue una cosa cercana a la mediocridad. Por su parte, El Practicante,
se deliró dando like, comentando noticias de actualidad en la web y difundiendo
estados de Facebook con el entusiasmo que se puede ver solo en alguien que ama
la internet. Creo que todos coincidimos en que El Practicante tuvo un día
memorable.
Ahora, la pregunta que
cabe hacerse es la siguiente: ¿vamos a condenar a Diego Vega por no terminar su
tesis o vamos a celebrar que El Practicante salvó a la blogósfera otra vez?
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