A
tu memoria le falta el quid, me dice mi profesor guía. ¿El Quix?, pregunto yo.
No, el quid, insiste él. Oh, estaba pensando en el detergente y no entendía la
referencia, le digo yo. Pero no me refiero al lavalozas, hablo del quid, que es
lo que a tu tesis le falta, explica mi profesor y luego me pregunta si tuve clases
de Latín y yo le respondo que sí, que claro que tuve Latín. Omito que no
recuerdo nada de la asignatura, por supuesto. Le falta el quid, repite mi
profesor y yo asiento con la cabeza, como diciendo, sí, claro, te sigo la idea,
pero en realidad no sé a qué chucha se refiere.
Al
llegar a mi casa googleo el término. Quid: Del lat. quid “qué”, “por qué”. Esencia,
punto más importante o por qué de una cosa. Oh, mierda, esto no suena bien,
pienso al leer la definición, o sea que a mi tesis le falta lo más importante,
yo pensé que el profesor se refería a otra cosa, una formalidad de la portada o
los agradecimientos o algo fácil de arreglar. Estoy a menos de una semana que
venza el plazo para entregar la memoria y me falta el quid, por la chucha.
Pero
dónde encuentro el quid, cómo se busca el quid, ¿podré googlearlo de alguna
manera? O sea que a mi tesis le falta el alma, soy una especie de zombie de la
academia, algo así como el conde Drácula de la hipótesis, al no encontrar
conclusiones estoy condenado a escribir mi tesis para siempre. No podía ser de
otra forma, soy el último romántico de la pedagogía.
¿Estará
en mi cabeza el quid o deberé buscar en mi corazón? ¿Lo habré perdido en algún lugar,
estará abandonado en el asiento de alguna micro o en una butaca de Cineplanet? ¿Alguien
ha visto pasar a mi quid por alguna parte? Quizás tiene miedo y ahora vaga solo
por la ciudad sin saber cómo volver a la casa.
Oh,
quid, por qué me has abandonado.
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