Practicante en acción

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martes, 12 de abril de 2016

El quid

A tu memoria le falta el quid, me dice mi profesor guía. ¿El Quix?, pregunto yo. No, el quid, insiste él. Oh, estaba pensando en el detergente y no entendía la referencia, le digo yo. Pero no me refiero al lavalozas, hablo del quid, que es lo que a tu tesis le falta, explica mi profesor y luego me pregunta si tuve clases de Latín y yo le respondo que sí, que claro que tuve Latín. Omito que no recuerdo nada de la asignatura, por supuesto. Le falta el quid, repite mi profesor y yo asiento con la cabeza, como diciendo, sí, claro, te sigo la idea, pero en realidad no sé a qué chucha se refiere.  
Al llegar a mi casa googleo el término. Quid: Del lat. quid “qué”, “por qué”. Esencia, punto más importante o por qué de una cosa. Oh, mierda, esto no suena bien, pienso al leer la definición, o sea que a mi tesis le falta lo más importante, yo pensé que el profesor se refería a otra cosa, una formalidad de la portada o los agradecimientos o algo fácil de arreglar. Estoy a menos de una semana que venza el plazo para entregar la memoria y me falta el quid, por la chucha.
Pero dónde encuentro el quid, cómo se busca el quid, ¿podré googlearlo de alguna manera? O sea que a mi tesis le falta el alma, soy una especie de zombie de la academia, algo así como el conde Drácula de la hipótesis, al no encontrar conclusiones estoy condenado a escribir mi tesis para siempre. No podía ser de otra forma, soy el último romántico de la pedagogía.
¿Estará en mi cabeza el quid o deberé buscar en mi corazón? ¿Lo habré perdido en algún lugar, estará abandonado en el asiento de alguna micro o en una butaca de Cineplanet? ¿Alguien ha visto pasar a mi quid por alguna parte? Quizás tiene miedo y ahora vaga solo por la ciudad sin saber cómo volver a la casa.
Oh, quid, por qué me has abandonado.


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