Mañana
lunes no habrá clases, escucho en las noticias. O sea que no me voy a tener que
levantar temprano y que me puedo quedar viendo animé hasta altas horas de la
noche. Descorcho una botella de vino y le comento al colega Enzo que mañana no
tengo que hacer clases porque los colegios suspendieron actividades. Pero si
usted no tiene trabajo, me responde Enzo. Oiga, verdad, siempre se me olvida,
respondo yo. A veces pasa, me dice él.
Oiga,
se inundaron las librerías del Drugstore, le comento al colega Enzo. Oiga, ¿en
serio?, que rematen las gueás, este es el momento que tanto esperé, me dice él.
Oiga, sí, le digo yo, pero espero que las copias de mi novela estén bien. Pero
si usted no ha publicado ni una hueá, me dice Enzo. Oh, verdad, digo yo, una
preocupación menos, agrego a modo de resignación.
Pero
qué van a hacer mis alumnos, mañana, van a perder un día de clases y yo tenía
tantas actividades preparadas, le comento al colega Enzo. Pero por la chucha si
usted no tiene estudiantes, usted está cesante, me dice Enzo. Oiga, verdad, le
digo yo, es que siempre se me olvida.
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