Practicante en acción

Practicante en acción

viernes, 11 de diciembre de 2015

Mi bohemia o toma nota Aznavour

¿A qué viene Enzo Ronda a Santiago?
No sé, quizás, a disfrazarse de Hombre Araña
nunca hay suficientes hombres araña en los semáforos.
¿A qué viene Mochito a Santiago?
A tocar flauta dulce en el metro
probablemente
yo me disfrazaré también de Hombre Araña
y bailemos con Enzo Ronda las melodías de Mochito.
¿Qué fue de los sureños en la capital?
Con Vladimiro caminamos mucho
casi tanto como en Concepción,
por la alameda las micros pasan toda la noche
y te puedes subir gratis
lo que facilita las cosas.
En Santiago vemos bandas de Concepción
y nos juntamos a tomar cerveza con gente de Concepción
y hablamos de gente que aún vive en Concepción
pero, principalmente, en Santiago
los sureños caminamos.
Vamos a locales
a los que se entra tocando portones o ventanas cerradas
locales que no son locales
locales que más que locales son casas
y más que casas son fachadas ruinosas
grandes galpones que van a dar a sitios eriazos
el tipo de lugar que solo un sureño busca
con el objetivo de hacer rendir su exiguo presupuesto.
¿Qué pretenden los sureños?
¿Por qué borde caminan?
Hay un elástico que estiran
esperando que no se rompa
pero como deseando que algo irrumpa
un ruido
un impulso
algo.
Con los sureños fuimos por una cerveza
pero terminamos en la pista de baile de una discoteca.
Este no es mi estilo, pensaba yo
mucho huevón caliente con la tula pará en la barra
mirando las chiquillas bailar en el centro de la pista
este no es mi estilo
definitivamente
no.
Busco el escape
me encamino hacia la salida
pero antes de llegar
una vieja conocida me arrastra nuevamente adentro.
Bailamos un poco
pero me dice que se siente mal
que la acompañe al baño.
La niña no se ve bien
está muy pálida y se tambalea.
Abro la puerta y subo la tapa del wáter
la tiene arcadas
intento que apunte a la taza
pero insiste en apuntar hacia mí
y vomita en mi camisa, pantalones y zapatillas
tenía la taza del baño al frente
pero por algún motivo eligió mi única tenida de ropa
como receptáculo de su vomito.
Me convierto en agricultor
un agricultor con arcadas
que recoge papitas y choclo de su ropa.
¿Qué fue de los sureños en la capital?
Ahí están
con las zapatillas más pegajosas que ayer
sintiendo el olor a pizza que sube de la camisa
los sureños
esperan subir gratis a la micro en el próximo paradero.
  

  



  

jueves, 10 de diciembre de 2015

La chica que amaba la navidad

Armadillo habla de sus amores, Belén, también. América escucha, yo, igual. Berto parece inquieto, no deja de jugar con su pañuelo, me mira serio, enojado, quizás, ¿por qué nunca hablas de ti?, me pregunta. Todos hemos hablado de nuestras miserias, de lo que vivimos en nuestros trabajos o con nuestras parejas, ¿tú, por qué no hablas?, insiste Berto. ¿Por qué siempre estás como pa’ dentro?, agrega Belén. Habla alguna hueá, se suma Armadillo. Al verme acorralado, América dice que solo soy un poco más introvertido, que me dejen tranquilo. No es un ser humano, es como si todo le fuera indiferente, grita Berto con desesperación.  
Miro el pino navideño del departamento y empiezo a pensar en la chiquilla que amaba la navidad. Ella dice: ay, sí, sí, Diego, Mmm (en un tono agudo, demasiado alto, en mi humilde opinión, que culmina con un gemido ahogado, mientras, me mira con los ojos abiertos, más de lo normal, nunca había sentido esa mirada por parte de otro ser humano, me perturba en demasía). Y sigue gritando y sigue gimiendo y yo siento que mi performance sexual es demasiado mierda para tanta emoción. Mi pene no está totalmente erecto y tengo muchas ganas de cagar, tomé mucho vino, más de una botella, no estoy acostumbrado a eso. Intento conversar algo, cualquier cosa, comunicarme de alguna manera con la chiquilla, ella murmura algo, quiere que me quede a dormir. Me ubico a un lado de la cama, no duermo nada, no entiendo como uno se puede sentir tan solo estando acompañado.
Se habla de parejas y trabajo y yo no tengo ni lo uno ni lo otro, digo como disculpándome. Belén dice que a veces se tropieza con mis fotos en Facebook y ve a una persona que no se gusta a sí misma. La pizza ya está fría, un poco dura y me cuesta masticar, al tragar me atoro, en la mesa todos me miran esperando que yo diga algo, puede que tengas razón, le respondo a Belén. ¿Estás satisfecho en algún aspecto de tu vida?, pregunta Berto. No sé a qué aspectos te refieres, le respondo yo. En el plano sentimental, pregunta él. No, le digo yo. Luego, preguntan por el plano estético, si acaso me agrada mi apariencia, si en el plano académico me siento seguro y si tengo confianza en el futuro. Yo digo que no a todo, que no estoy conforme en ningún sentido. Silencio en la mesa. Pero tienes sentido del humor, eso es importante, me dice América a modo de salvavidas. No, se me atrofió el sentido del humor junto con el sentido del buen gusto, respondo. Lo único que me va quedando es una especie de sentido de la melancolía que he desarrollado de tanto escuchar música en youtube, youtube me conoce, siempre me sugiere buena música, youtube me hace sentir realizado, les comunico a mis camaradas con un dejo de optimismo. Mis camaradas me miran en silencio sin un ápice de complicidad.
Vuelvo caminando a mi casa, todavía siento la pizza atorada en la garganta. Las luces de neón con motivos de fin de año brillan en la oscuridad y yo pienso en la chiquilla que amaba la navidad. Siempre me sentí extraño caminando a su lado, adecuando mi ritmo al suyo, a veces me gusta caminar rápido, como con desesperación, otras veces muy lento y quedarme pegado mirando algo por mucho tiempo, como los pesebres a escala humana que ponen en las iglesias mormonas o en las municipalidades. Mirando pesebres me dan ganas de ser ese niño acostado en su cunita, rodeado por sus padres y animales.

A la chiquilla que amaba la navidad no le gustaban ni los pesebres ni los pinos ni los viejos pascueros ni los renos ni los duendes, por lo tanto, yo nunca supe que amaba la navidad. Hasta que me pilló la navidad en su departamento y al despertar me entregó una bolsa con regalos. Yo no le había comprado nada, pero mentí. Le dije que su regalo estaba en el departamento donde vivía en esa época. Ella insistió en acompañarme a buscarlo. Al llegar al departamento yo no tenía ninguna excusa y me quedé sentado en mi cama mirándola. ¿Y mi regalo?, preguntó ella. No respondí. ¿Olvidaste mi regalo, verdad?, me dijo con los ojos llenos de lágrimas. No, está en otra parte y salí corriendo a comprar algo. Ella quedó llorando en mi pieza. En el centro encontré todas las tiendas cerradas. Volví al departamento sin nada y la chiquilla que amaba la navidad ya se había ido, no quiso saber nada más de mí, pero al menos dejó la bolsa con regalos al lado de mi cama.  

miércoles, 9 de diciembre de 2015

SUR

Me paro frente a la audiencia, intento parecer digno, oh, dignidad, siempre me has sido tan esquiva, oh, maldita elocuencia, por qué no me socorres en mi eterno balbucear. Ubicación, seguridad, encanto, en algún momento me fueron arrebatados los dones para vivir en sociedad, aun así, vivo en sociedad, vivo balbuceando, me caigo, las palabras que salen de mi boca se caen, las últimas sílabas que pronuncio se pierden y nuestra performance se vuelve tan inexacta, tan difusa, tan errática que por momentos pienso que es perfecta, que dimos con algo glorioso, que nací para construir puentes colgantes hacia mis abismos más queridos. Asómense al borde, ¿ven eso?, eso que se parece al continente antártico, es mi mente, ¿y ese otro agujero como el Gran Cañón?, oh, eso es mi corazón, pasen, por favor, bienvenidos a mi alma.
De pie frente al público, tal vez algo encorvado, como cayéndome, como no soportando el peso de mi cabeza, como una rata que busca la húmeda oscuridad, así me presento frente a mis pares y digo: “Bueno, primero informar que Movimiento Urbano Rural cambió de nombre, ahora somos Sentimiento Urbano Rural, con todas las consecuencias que está decisión acarrea para el arte de la banda y, probablemente, para la escena artística nacional”.
El público es en esencia, respetuoso. Nosotros, lo intentamos, queremos demostrar respeto para con el respetable, pero empezamos mal, llegamos 40 minutos tarde, la organización casi cancela nuestro show, pero el público es, en una palabra, comprensivo y en otra, compasivo, porque cuando presento la misma canción dos y hasta tres veces o cuando olvido la letra de las canciones o cuando repito hasta el hartazgo el mismo paso de baile (mezcla de Delfín Quispe con Tom Waits) o cuando canto una melodía en otro tono, todos, sin excepción, miran al suelo y se muerden el labio inferior de la boca, lo que yo interpreto como una muestra de respeto, no sé si hacia nuestro arte, quizás, hacia el patetismo que encarnamos, tal vez, hacia el absurdo de nuestra existencia, pero de alguna retorcida manera interpreto ese gesto inequívoco de vergüenza ajena, tan presente en nuestro público, como una muestra de respeto para con el show que propone Sentimiento Urbano Rural.    
¿Cuál es el escenario? No lo tengo claro, me paro en cualquier parte, intento bailar, muevo las manitos, creo que eso también es bailar. Mientras estoy haciendo mis cuestionables pasos de baile, sube hasta mis narices mi propio olor, un buqué como de pudú, una oleada de mis aromas perturba mi frágil concentración, en vez de pensar en las canciones, me preocupa que mi única tenida de ropa se esté pudriendo, que sería bueno orearla de vez en cuando. Quizás, ha llegado el momento de asumir que el desodorante se terminó, que el roll-on ya está seco, que el antitranspirante me abandonó, que sería bueno tener en el bolsillo lavanda o menta o poleo para disimular un poco el olor a aleta. Olor a aleta, que si he de ser sincero, pienso que es parte del concepto Sentimiento Urbano Rural, por lo tanto, andar hediondo es parte del concepto. Por suerte soy artista conceptual, de otra forma, solo sería un hombre cuya característica principal es el potente olor a culo y/o aleta que emana de sus ropas.
Reinaldo ahora toca de pie, antes lo hacía sentado. Creo que eso es un paso adelante en nuestra carrera, nos hace ver más jóvenes, somos una dupla más sexy, como Gepe y Alex Adwandter. No debemos olvidar a Keko Yunge y Marcelo Barticciotto, quienes en Viña tocaron sentados y el resultado no es bueno. Queríamos preparar una coreografía, pero no nos dio el tiempo. Queríamos ser como los Backstreet Boys, me gustaría ser Nick Carter, pero creo que soy más el Howie D de Sentimiento Urbano Rural, como que no bailo mucho, mi voz es más bien común y mi outfit deja mucho que desear, aun así, Somos Sentiemiento Urbano Rural y lo único que queremos en la vida es ser maravillosos.
Reinaldo está de pie y yo trato de bailar de manera sensual, pero yo no bailo mucho y Reinaldo, tampoco. Ambos estamos cansados porque nos vinimos parados en la micro a la hora de más calor. En el viaje, le pedí que me contara nuevamente la historia de Van Gogh y Gauguin. Yo leí Cartas a Theo hace muchos años y no recuerdo bien, él, en cambio, puede recitar pasajes de memoria, además, ha invertido gran parte de su primera juventud en ver documentales sobre el tema. Reinaldo parte citando a Oscar Wilde, me dice que difícilmente un artista de talento será un agudo crítico de arte, ya que está absorbido por su propia obra. Gauguin nunca apreció el genio de Van Gogh, de hecho lo corregía, quería que viera el mundo más como Gauguin y menos como Van Gogh. Solo cuando empezó la fama de Vincent, Gauguin empezó a hablar de su amigo en biografías y a pintar girasoles como enajenado, insinuando que el delirio del amarillo sobre amarillo, que la pasión por los girasoles era algo sugerido por él a Vincent, quien muere sin reconocimiento ni dinero ni amigos ni otro refugio que los brazos de su hermano Theo. Sentimiento Urbano Rural, en la micro, llega a la conclusión que odia a Gauguin, que hay que ser más como Vincent, que hay que salir más seguido a mirar las estrellas en la noche, que, quizás, no sea tan malo tocar una vez al año, tomando en cuenta que Van Gogh nunca fue apreciado en vida, probablemente, sea parte de nuestra naturaleza artística, puede que la miseria sea algo inherente a las mentes poseídas por el amarillo sobre amarillo.
Mamá, no soy un perdedor, soy como Van Gogh, solo que sin girasoles ni casa amarilla ni pínceles ni colores. Papá, no soy un marginal, el arte es así, algo que, probablemente, nunca tenga valor, pero es necesario que alguien se haga cargo, que alguien dé la cara por la vanguardia en este mundo. Si Sentimiento Urbano Rural no sale a ofrecer su corazón, entonces, ¿quién?
Mamá, como ya es tradición, Sentimiento Urbano Rural se encargó de amenizar el vino de honor del Congreso de Castellano. Es un momento de relajo de los estudiantes, estudiantes que organizaron algo para otros estudiantes, sin una nota de por medio ni beneficio tangible ni paga. Así debió ser el ejercicio académico en sus orígenes, cuando la gente respondía a la certeza de la muerte, más que a la necesidad de abrigo y comida, cuando no existían universidades ni colegios, solo gente interesada en un mismo tema que se reunía a conversar, aventurando ideas, compartiendo experiencias, delirando, por qué no, si así lo requería el ejercicio de imaginar otras alternativas. Papá, un Congreso organizado por estudiantes, quizás, sea el último vestigio de humanidad que va quedando en una universidad, reunirse con otros seres humanos en torno a una inquietud compartida y al mismo tiempo reflexionar y luego compartir lo que hay en tu mente, ya no es un ejercicio tan común, ¿cómo me debería sentir al respecto?       



jueves, 3 de diciembre de 2015

¿Qué se ama cuando se ama?

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: los neones rotos que brillan en la discoteca o el aserrín del baño con olor a mierda? ¿La luz terrible en la pista de baile o los espejos de la barra que reflejan la muerte?
¿Qué se para cuando se me para, qué se mueve, qué se erecta, qué se hincha, qué revienta, qué recoge los dedos de las patas antes de estallar, qué es eso: amor? ¿O todo es un gran orgasmo, Dios mío? Todo es un espasmo incomprensible o, al menos, críptico, para mí que no entiendo nada si no hay gatos de por medio.
Todo lo que sé acerca del cortejo femenino, que es bastante poco, me lo ha enseñado Alondra, la gata de mi familia en Santiago. Alondra me mira fijamente, en el momento exacto en que le devuelvo la mirada ella me deja de mirar. Luego, vuelve a mirar fijamente, me acerco para hacerle cariño, ella, arranca. A varios metros de distancia se detiene, me mira fijamente, levanta la cola y me muestra el poto. Bueno, las damas en bellavista, coquetean de manera muy similar. Uno sentado en la barra, mirando su propio rostro pálido en los espejos de la pared, los hielos derritiéndose en el vaso vacío y las damas mirando y dejando de mirar. Si hay suerte, ofrecen una visión privilegiada de su culo. ¿Qué hacer: responder a la invitación o seguir sentado en la barra en compañía de tu pálido reflejo?
Es llamativo el lenguaje que se habla con el culo, a mí no se me da muy bien. Pero algo me dice que el lenguaje tradicional, el de las palabras, tampoco me va. ¿Te han diagnosticado alguna condición mental?, me dice una chiquilla. No me preocuparía, pero, últimamente, me hacen seguido esa pregunta.  ¿Cómo una enfermedad?, le digo yo, por decir algo, por ganar tiempo. Sí, responde ella y agrega que no es por molestar, es solo curiosidad. Yo le digo que no, pero como nunca he ido al siquiatra, no sé si estoy sano o solamente soy una persona pobre que no se ha dado cuenta que está loca.
La conversación se diluye, probablemente, yo me diluyo también. Pensé que la conversación estaba buena. Se hablaba de los Van Gogh, de Vincent y su relación con Theo. En la vida hacen falta más Theos, decía yo y salivaba y gesticulaba y daba vuelta los vasos de cerveza. ¿Por qué no hay más Theos en el mundo?, gritaba yo echado sobre la mesa. La chiquilla miraba, cada vez más lejos, cada vez más silenciosa. Luego, se habló de la casa amarilla, del hijo de puta de  Gauguin que nunca apañó a Vincent y yo estaba casi llorando porque imaginaba a Vincent solo en la casa amarilla. Artaud, le dije a la niña, pero la niña, a esas alturas, solo miraba su celular. Artaud lo sabía, siempre lo supo, todos necesitamos nuestro Theo, gritaba yo escupiendo cerveza. Empecé a tararear “A Starosta, el idiota”, ya nada puedo hacer por él, él se quemará mirando al sol y es esta la historia del que espera para despertaaaaaaaaaar, vámonos de aquí, mientras le dedicaba estos versos a Theo, que de seguro los pensó antes que Spinetta, la niña pregunta: ¿Te han diagnosticado alguna condición mental? En ese momento, tuve la certeza que el lenguaje tradicional me cuesta tanto como el lenguaje del culo. Es imperioso buscar una tercera alternativa. Es imperioso construir la casa amarilla. Como te quiero Theo.












jueves, 26 de noviembre de 2015

31

El celular suena en el piso, no contesto, no puedo. Con una mano me agarro la tula y con la otra sujeto la sábana, la idea es hacer una carpita en torno al pene y así tener más espacio para maniobrar. Son las nueve y media de la mañana, hora de hacerse una paja, no de contestar el teléfono, cómo no saben eso.
Pornhub o Xvideos, he ahí el dilema. Últimamente, me inclino por Pornhub, su sección Mature Amateur ha sido un gran descubrimiento para este humilde servidor y por qué no decirlo, una gran compañía. No me calientan las porno stars, mucho grito, muchas caras, mucho mirar a la cámara y sacar la lengua, mucho guion, son muy buenas profesionales, se aprenden un libreto, que si bien no tiene diálogos, implica mucho dominio escénico. Por el contrario,  las mujeres maduras amateur son pura espontaneidad, si están aburridas lo demuestran, miran al tipo como diciendo, “ya poh, termina, si no es para tanto, si no es ni tan rico culiar”. Me agrada eso, ese desenfado, esa honestidad brutal, además, el gemido es mucho más suave, como una buena balada country, en contraste con el aullido de las porno stars que es como escuchar noise, como poner a Sonic Youth, pero sin la parte melódica de las canciones, solo riudo, solo distorsión. En síntesis, falta más Johnny Cash en el porno de hoy en día.
Eyaculo, una rebelde gota de semen corre por mi guata buscando manchar la sábana, cosa que debo evitar a toda costa, ya que me da vergüenza que en caso de venir visitas, vean mis sábanas tiesas y amarillentas. Muy tarde, ya se formó una posita que tapo con suma dedicación con un pedazo de confort, para disimular un poco mis huellas.
Contesto el teléfono que ha seguido sonando de manera intermitente. Es mi papá que llama para felicitarme por mi cumpleaños, me dice que espera se cumplan todos mis deseos y proyectos, le agradezco mientras limpio el semen que ha caído en las sábanas, sí, claro, le digo, los proyectos, hay que realizarlos de alguna manera. No sé de qué proyectos habla, pero quién es uno para echar abajo las fantasías que un padre construye en torno a su hijo, si esas ficciones lo hacen feliz, no veo el problema de apañar su delirio, y le respondo que sí, que tengo muchos planes para el futuro, que siento que mi vida finalmente está tomando forma (desde un retorcido punto de vista, es decir, como un cuadro de Jackson Pollock, pero forma al fin y al cabo). Senté cabeza, agrego, mientras termino de limpiarme la tula.
Como hoy es un día especial, mi cumpleaños y todo eso,  pienso empezar la jornada trabajando en la tesis como una forma de encaminar mi vida hacia la seriedad, digamos, la madurez. Pero la mañana no es buena hora para trabajar en la tesis, no quiero determinar mi día con una manera racional de pensar, establecer hipótesis, aventurar respuestas, no quiero eso a esta hora del día. Postergo la tesis.
Recuerdo que en los cines te dejan entrar gratis el día de tu cumpleaños y encamino mis pasos a Cineplanet. En boletería me felicitan por haber nacido el día de hoy, yo siento que no tuve mucho mérito en aquello, pero agradezco de la manera más sincera posible, o sea, sin mucha convicción. Me regalan dos entradas, yo le digo que me basta con una. ¿Viniste solo?, pregunta el joven de la caja con cara de estupefacción. Sí, le respondo, solo quiero una entrada. Es que la promoción es así, tienes que recibir las dos entradas y elegir dos lugares, me dicen en Cineplanet. Elijo un lugar para mí y otro para nadie, luego, tomo mi entrada y la de nadie y se las paso a la niña que corta los boletos. Oh, estás de cumpleaños, felicidades, dice y me ofrece una sonrisa que me parece sincera. Yo le devuelvo una sonrisa difícil, en mi cara se dibuja una mueca, un gesto, pero no sabría decir lo que significa. La niña me repite que la promoción es para dos personas. Le digo que no hay nadie más. ¿Viniste solo?, pregunta mientras mira el suelo y se rasca el cuello y la espalda con incomodidad, como si la soledad fuera algo contagioso, como si la miseria fuera una alergia primaveral.   
El Principito tiene poca convocatoria, al menos en Cineplanet. Son las doce del día y la sala está vacía, estaban esperando a que llegara alguien para empezar con los trailers. Luego, se sienta en la fila de adelante una mamá con tres niños, quienes se dedican a preguntarlo todo durante la siguiente hora y media: “¿Y ese quién es? El principito, responde la mamá. ¿Y por qué ocupa capa? Porque es un principito, responde la mamá. ¿Y dónde vive? En el planeta del principito”.
No fui con ninguna expectativa, pero debo decir que hace tiempo no me emocionaba tanto una película. No me acordaba mucho del libro y la película es bonita, estéticamente se siente bien. Como la sala estaba casi vacía deje salir el llanto con cada frase clásica que se sacaba el principito, “lo esencial es invisible a los ojos”, “solo con el corazón se puede ver bien”, “fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”.
El principito tiene cualquier hit, para mí, es una balada romántica superior, una canción eterna. Qué manera de llorar en el cine, no soy de llorar en lugares públicos, no porque no me den ganas, sino porque me da vergüenza, pero la sala estaba casi vacía, me deliré llorando, gemidos, mocos, esos tiritones que dan, lo deje salir todo porque el principito es pasión, yo lo vivo, lo llevo dentro, no me acordaba, pero siempre estuvo ahí.

Al salir del cine pienso que, quizás, sea una buena idea trabajar en la tesis. Pero parece que en el Hoyts también dejan pasar gratis en tu cumpleaños. Veo la cartelera y hay una que se llama “El último cazador de brujas”, con Vin Diesel. Brujas, el protagonista de Rápido y Furioso, eso no puede estar tan mal. Qué buen cumpleaños. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

Corazón de Breviario

1
El practicante entra en el café. Polerón, rotas las dos mangas. Zapatillas, agujereadas, sin color. Barba, despareja. Lentes, chuecos.
¿Dónde está el baño?, pregunta. Al fondo a la izquierda, le responden.
El practicante no distingue la derecha de la izquierda. Camina hacia el sector equivocado y tropieza con la mujer que asea el lugar, él le sonríe, ella, no. Luego, se vuelve a equivocar de camino: entra a la cocina, pregunta de nuevo por el baño.
Finalmente, da con el baño. Quiere guardar su bolso en el casillero, pero no tiene cien pesos. Le pregunta a la mesera si tiene monedas para cambiar por un billete. Él sonríe, ella, no.
Parado frente al urinario se da cuenta que hay más gente alrededor. Se siente observado, intenta orinar y no puede. Cae una gotita de su pene, dos gotitas, desiste, no sale nada más.

2

En la mesa, el practicante pide un cortado grande. Escucha a una chiquilla, en otra mesa, hablar por teléfono. La niña habla de ahorrar, que quiere comprar un departamento, que planea viajar en vacaciones, que está contenta con su trabajo, pero le gustaría ganar un poco más, que el yoga pilates le hace bien, pero quisiera bajar más de peso para verse bien en el verano, es importante ahorrar, comunica de nuevo esa idea, va a comprar un auto, se despide con esa certeza.
Probablemente la niña nunca vio Trainspotting, probablemente, si la vio, no le gustó. Al practicante le gustó mucho Trainspotting, quizás, demasiado. Cada vez que sale de su casa, el practicante escucha en su cabeza, Lust for life, aunque solo esté comprando yogurt y plátanos en la esquina, igual suena Iggy Pop en su cabeza, como si su vida fuera un desenfreno total.
Quizás tendría que escuchar menos el soundtrack de Trainspotting y menos a Luca Prodan y  menos  Leonard Cohen.
Y más de la música que escucha la niña que ahorra. ¿Qué música escucha la gente que considera importante ahorrar? ¿Qué películas emocionan a alguien que hace yoga pilates para verse bien en verano? Probablemente, no sea tan distinta a mí, piensa el practicante, yo igual me sentiría más seguro con un abdomen más tonificado. Probablemente, no sea demasiado tarde para ser normal.
Llega el café, taza no muy grande, líquido tibio, en tres sorbos ya no queda nada. El practicante sigue con sed, sigue con hambre. Hunde las manos en los bolsillos, pero solo encuentra papeles con moco. Quizás, si escuchara otra música ahora tendría plata para comprar algo de comer. Quizás, si viera otras películas sería otra persona. Pero cómo dejar de escuchar el Perdedores Hermosos, si Luca Prodan se convierte en uno de tus mejores amigos, no lo puedes abandonar  tan fácil, si la voz de Leonard Cohen le hace bien a tu espíritu por la noche, ya no lo puedes dejar atrás, la suerte está echada. “Estrechez de Corazón” no se convierte en un himno por casualidad y Youtube no te ofrece canciones de Johnny Cash por accidente, sino porque  escuchas Folsom Prison Blues como un obseso.

3

El practicante anda con un libro, mientras espera el café, lee la contratapa: “Los breviarios del Fondo de Cultura Económica constituyen la base de una biblioteca que lleva la universidad al hogar, poniendo al alcance del hombre o la mujer no especializados los grandes temas del conocimiento moderno”.
La idea de llevar la universidad al hogar, fascina al practicante, quien se ve como un hombre no especializado que necesita conocer los grandes temas modernos. Siente que el Fondo de Cultura Económica pensó en él, los breviarios le pertenecen, probablemente, le terminen regalando toda la colección de breviarios algún día. La idea reconforta su corazón.

El practicante se acerca a la caja y extiende unas monedas que encuentra en su bolsillo. Son 1300 pesos, dice la niña. El practicante se queda mirándola, le gusta el flequillo de la chiquilla, se pregunta si será ramonera o rolinga, pero luego recuerda que, al igual que el peronismo, eso solo existe en Argentina. La niña repite la suma que el practicante debe cancelar, suma que no coincide con los doscientos pesos que acaba de entregar.  El practicante sigue observando a la chiquilla, chiquilla que empieza a perder la paciencia. La niña le gusta, el practicante, después de mucho cavilar, llega a esa conclusión. Pero algo perturba su frágil estado emocional, por qué todas las niñas que atraen su atención se parecen tanto entre sí, esa idea lo apuñala cual cuchillada en el hígado. Se siente atado a un solo destino, se ve transportado a un balcón frente al abismo. Sí, está claro que me atrae, pero por qué, el practicante no tiene respuestas satisfactorias. La gente del local se enoja, alguien comenta que, al parecer, el practicante está drogado. El practicante se pone nervioso, al sacar el resto de las monedas, algunas caen al suelo. Sí, está drogado, dice la niña de la caja a su colega.

El practicante toma su libro y se retira, algo avergonzado, espera, sinceramente, que Los Breviarios del Fondo de Cultura Económica sean una biblioteca de orientación y consulta con respecto a la cultura de nuestro tiempo. El practicante así lo requiere.  

domingo, 22 de noviembre de 2015

La instalación infinita

1
Al final de un día
dedicado exclusivamente a escuchar “Esas mañanas”
de Jorge González
sabes que tienes que salir de tu casa
cuando llegue la noche.
No quieres estar solo
en tu pieza iluminada por la luz del computador
mientras en Youtube
suena “Esas mañanas”.
Navegué por la internet
sin vela ni astrolabio
miraba perfiles de completos desconocidos
me paseaba por matrimonios y cumpleaños
veladas inolvidables
camaradería
grato ambiente
feliz fin de semana
pero recordé que nadie cuelga en la muralla
ojos morados y cuchilladas
recordé que en la mesa de centro
no expones tus dientes rotos.
Mientras me dejaba llevar
por la internet
recordé que nadie enmarca
las manchas de vomito en la pared del living,
recordé que no se le ofrece once a las visitas
en platos trizados
recordé que las tazas sin oreja
y las cucharas dobladas
no se muestran,
se guardan para uno.
Me dejaba llevar por la internet
virtualmente me paseaba por cientos de eventos
que ofrece la noche santiaguina
hasta que di con una exposición de unos artistas
que incluía performance
más instalación
más música en vivo
y la posibilidad de llevar tu propio bebestible.
Indiqué que me interesaba.
Dejé constancia de mi interés.
La internet te ofrece la opción de ser un hombre interesado
y dar a conocer al mundo tu interés
lo que de alguna retorcida manera
te vuelve interesante.
Pasas de estar interesado
a ser interesante.
Gracias internet
por tanto.
2
Después de mucho caminar
y perderse por calles
diagonales
perpendiculares
y paralelas
con Vladimiro
logramos dar con el local
que más que un local es una casa.
A veces
aparece entre los artistas del lugar
un hombre mayor con un tiesto con ropa.
Otras veces
una señora ya mayor
se pasea en bata de dormir y pantuflas.
Con ambos adultos mayores
me encuentro en diferentes partes de la casa.
Al principio
pienso que es parte de la instalación
pero luego
concluyo que el artista organizó la exposición en la casa de sus padres.
La instalación
es una cama deshecha
frente a un cuadro negro con un punto rojo al centro.
Nos paseamos por la pieza
nos miramos
en silencio
con Vladimiro.
Intentamos comprender la propuesta artística
pero fracasamos
no entendemos nada.
Salimos de la pieza
luego, más borrachos
volvemos a entrar
observamos nuevamente la instalación
y nuevamente fracasamos
nuevamente no entendemos el arte contemporáneo
probablemente
no entendamos el arte en general.
Un grupo toca al fondo
en el patio interior
música bien Sigur Rós
la baterista balbucea sílabas
emite sonidos con la boca
mugidos
y por momentos
maullidos.
No hay subtítulos en ninguna parte
sé que no hay
porque pregunto a la organización:
¿Dónde están los subtítulos?
¿Perdón?, me responden
Los subtítulos, insisto yo
¿Dónde proyectan los subtítulos?
Pero por respuesta
recibo pura indiferencia
Yo diría desprecio, también
y por qué no
odio.
3
Vagamos
sin rumbo fijo
por la casa.
Los dueños de casa
tampoco
parecen encontrar su lugar.
Volvemos a la pieza de la instalación
está vacía
la gente está en el patio
nos fijamos que en la esquina había una repisa
y la repisa tiene libros
de autores que nos gustan
libros que queremos tener hace tiempo.
Nos miramos con Vladimiro
Metemos bajo nuestras ropas
libros de Bolaño y Bukowski
y por qué no un Teillier
y esta edición de Una temporada en el infierno está muy bonita
y este Historia del ojo tiene lindas ilustraciones
y salimos de la pieza mucho más gordos de lo que entramos
evidentemente más voluminosos
por suerte afuera están todos drogados.
4
Hay que irse
estoy muy nervioso
con las manos en los bolsillos de la chaqueta
sujeto los libros
para que no se caigan
pero siento que no paso piola
aunque todos están muy bolados
pienso
para tranquilizarme
pero no funciona
siento que me miran raro
todos se conocen
deben ser compañeros
de alguna escuela de arte
es como un carrete de curso
hay que irse.
Pero a Vladimiro le ofrecen marihuana
nos quedamos
compartimos un pito con los muchachos
el artista es consultado por su obra
por dos guapas chiquillas.
El artista responde:
“En verdad, soy de la idea de que el espectador es quien completa la obra”.
 Las niñas asienten con la cabeza
serias
respetuosas
y por qué no
también
coquetas.
Yo tengo rabia
no sé por qué
y tengo envidia, también
además, ya está dicho, estoy cagado de miedo.
Tengo rabia porque la instalación me pareció una mierda
Tengo envidia porque me encantaría
hacer arte de mierda y exponer mi arte de mierda
y que las niñas me preguntaran por mi arte de mierda
y yo dar respuestas de mierda.
Y tengo miedo que los libros se me suelten
se me escapen
porque se están resbalando
lo puedo sentir.
Cae uno al suelo
el Factotum
y al ver a Bukowski en el suelo
se me caen todos
pero los demás todavía no se dan cuenta
hasta que escuchan el sonido
de Los Detectives Salvajes
que por el tamaño mete mucho ruido
al chocar contra el piso
por muy drogada que esté la concurrencia
 el sonido de Los Detectives Salvajes te despierta.

 5
Retrocedemos
yo me intento explicar
sin buenos resultados.
“Ellos escribieron para gente como nosotros
no para ustedes”
Avanzamos hacia la puerta
“Ellos escribieron pensando en un tipo como Vladimiro”
pero mírenlo, “él es  Mario Santiago Papasquiaro”
Cómo no entienden eso
Entiendan algo
 “Él es Ulises Lima y yo soy Belano”
les digo
yo soy Rimbaud
no ustedes.
 La puerta se cierra
en nuestra cara.