Practicante en acción

Practicante en acción

miércoles, 9 de diciembre de 2015

SUR

Me paro frente a la audiencia, intento parecer digno, oh, dignidad, siempre me has sido tan esquiva, oh, maldita elocuencia, por qué no me socorres en mi eterno balbucear. Ubicación, seguridad, encanto, en algún momento me fueron arrebatados los dones para vivir en sociedad, aun así, vivo en sociedad, vivo balbuceando, me caigo, las palabras que salen de mi boca se caen, las últimas sílabas que pronuncio se pierden y nuestra performance se vuelve tan inexacta, tan difusa, tan errática que por momentos pienso que es perfecta, que dimos con algo glorioso, que nací para construir puentes colgantes hacia mis abismos más queridos. Asómense al borde, ¿ven eso?, eso que se parece al continente antártico, es mi mente, ¿y ese otro agujero como el Gran Cañón?, oh, eso es mi corazón, pasen, por favor, bienvenidos a mi alma.
De pie frente al público, tal vez algo encorvado, como cayéndome, como no soportando el peso de mi cabeza, como una rata que busca la húmeda oscuridad, así me presento frente a mis pares y digo: “Bueno, primero informar que Movimiento Urbano Rural cambió de nombre, ahora somos Sentimiento Urbano Rural, con todas las consecuencias que está decisión acarrea para el arte de la banda y, probablemente, para la escena artística nacional”.
El público es en esencia, respetuoso. Nosotros, lo intentamos, queremos demostrar respeto para con el respetable, pero empezamos mal, llegamos 40 minutos tarde, la organización casi cancela nuestro show, pero el público es, en una palabra, comprensivo y en otra, compasivo, porque cuando presento la misma canción dos y hasta tres veces o cuando olvido la letra de las canciones o cuando repito hasta el hartazgo el mismo paso de baile (mezcla de Delfín Quispe con Tom Waits) o cuando canto una melodía en otro tono, todos, sin excepción, miran al suelo y se muerden el labio inferior de la boca, lo que yo interpreto como una muestra de respeto, no sé si hacia nuestro arte, quizás, hacia el patetismo que encarnamos, tal vez, hacia el absurdo de nuestra existencia, pero de alguna retorcida manera interpreto ese gesto inequívoco de vergüenza ajena, tan presente en nuestro público, como una muestra de respeto para con el show que propone Sentimiento Urbano Rural.    
¿Cuál es el escenario? No lo tengo claro, me paro en cualquier parte, intento bailar, muevo las manitos, creo que eso también es bailar. Mientras estoy haciendo mis cuestionables pasos de baile, sube hasta mis narices mi propio olor, un buqué como de pudú, una oleada de mis aromas perturba mi frágil concentración, en vez de pensar en las canciones, me preocupa que mi única tenida de ropa se esté pudriendo, que sería bueno orearla de vez en cuando. Quizás, ha llegado el momento de asumir que el desodorante se terminó, que el roll-on ya está seco, que el antitranspirante me abandonó, que sería bueno tener en el bolsillo lavanda o menta o poleo para disimular un poco el olor a aleta. Olor a aleta, que si he de ser sincero, pienso que es parte del concepto Sentimiento Urbano Rural, por lo tanto, andar hediondo es parte del concepto. Por suerte soy artista conceptual, de otra forma, solo sería un hombre cuya característica principal es el potente olor a culo y/o aleta que emana de sus ropas.
Reinaldo ahora toca de pie, antes lo hacía sentado. Creo que eso es un paso adelante en nuestra carrera, nos hace ver más jóvenes, somos una dupla más sexy, como Gepe y Alex Adwandter. No debemos olvidar a Keko Yunge y Marcelo Barticciotto, quienes en Viña tocaron sentados y el resultado no es bueno. Queríamos preparar una coreografía, pero no nos dio el tiempo. Queríamos ser como los Backstreet Boys, me gustaría ser Nick Carter, pero creo que soy más el Howie D de Sentimiento Urbano Rural, como que no bailo mucho, mi voz es más bien común y mi outfit deja mucho que desear, aun así, Somos Sentiemiento Urbano Rural y lo único que queremos en la vida es ser maravillosos.
Reinaldo está de pie y yo trato de bailar de manera sensual, pero yo no bailo mucho y Reinaldo, tampoco. Ambos estamos cansados porque nos vinimos parados en la micro a la hora de más calor. En el viaje, le pedí que me contara nuevamente la historia de Van Gogh y Gauguin. Yo leí Cartas a Theo hace muchos años y no recuerdo bien, él, en cambio, puede recitar pasajes de memoria, además, ha invertido gran parte de su primera juventud en ver documentales sobre el tema. Reinaldo parte citando a Oscar Wilde, me dice que difícilmente un artista de talento será un agudo crítico de arte, ya que está absorbido por su propia obra. Gauguin nunca apreció el genio de Van Gogh, de hecho lo corregía, quería que viera el mundo más como Gauguin y menos como Van Gogh. Solo cuando empezó la fama de Vincent, Gauguin empezó a hablar de su amigo en biografías y a pintar girasoles como enajenado, insinuando que el delirio del amarillo sobre amarillo, que la pasión por los girasoles era algo sugerido por él a Vincent, quien muere sin reconocimiento ni dinero ni amigos ni otro refugio que los brazos de su hermano Theo. Sentimiento Urbano Rural, en la micro, llega a la conclusión que odia a Gauguin, que hay que ser más como Vincent, que hay que salir más seguido a mirar las estrellas en la noche, que, quizás, no sea tan malo tocar una vez al año, tomando en cuenta que Van Gogh nunca fue apreciado en vida, probablemente, sea parte de nuestra naturaleza artística, puede que la miseria sea algo inherente a las mentes poseídas por el amarillo sobre amarillo.
Mamá, no soy un perdedor, soy como Van Gogh, solo que sin girasoles ni casa amarilla ni pínceles ni colores. Papá, no soy un marginal, el arte es así, algo que, probablemente, nunca tenga valor, pero es necesario que alguien se haga cargo, que alguien dé la cara por la vanguardia en este mundo. Si Sentimiento Urbano Rural no sale a ofrecer su corazón, entonces, ¿quién?
Mamá, como ya es tradición, Sentimiento Urbano Rural se encargó de amenizar el vino de honor del Congreso de Castellano. Es un momento de relajo de los estudiantes, estudiantes que organizaron algo para otros estudiantes, sin una nota de por medio ni beneficio tangible ni paga. Así debió ser el ejercicio académico en sus orígenes, cuando la gente respondía a la certeza de la muerte, más que a la necesidad de abrigo y comida, cuando no existían universidades ni colegios, solo gente interesada en un mismo tema que se reunía a conversar, aventurando ideas, compartiendo experiencias, delirando, por qué no, si así lo requería el ejercicio de imaginar otras alternativas. Papá, un Congreso organizado por estudiantes, quizás, sea el último vestigio de humanidad que va quedando en una universidad, reunirse con otros seres humanos en torno a una inquietud compartida y al mismo tiempo reflexionar y luego compartir lo que hay en tu mente, ya no es un ejercicio tan común, ¿cómo me debería sentir al respecto?       



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