Di la última Prueba de
Aptitud Académica de la historia. Me fue pésimo, pero estoy seguro que era el
mejor vestido, por lo menos, de mi sala. Zapatillas rojas, pantalón de tela
negro y polerón de buzo ajustadísimo, como los que ocupaba Damon Albarn en el
tiempo de Parklife, en mi mente yo era Renton y dar la PAA, una escena más de Trainspotting,
sentía que había llegado a un acuerdo con el mundo real. Aunque probablemente
no me veía tan bien como pensé, siempre he sido flaco, pero con guata, como esos
perros vagabundos con parásitos, así que probablemente solo parecía un hombre
embarazado, pero un embarazado con estilo, espero.
5 años después,
mientras trabajaba de junior en un sello musical y le ofrecía café a Cristóbal
Briceño y Claudio Valenzuela y Florcita Motuda y Javiera Parra y otros muchos
músicos, cuyos nombres no recuerdo, es posible que nadie los recuerde, pero
espero que sigan escribiendo canciones, aunque sea en su pieza, el punto es que
yo servía café y estudiaba para la PSU y en mi mente era Chinaski y todos los
días de mi vida eran un capítulo más del Factotum de Bukowski. Mi pieza no
tenía ventanas y el tubo fluorescente hacía un ruido parecido al de un refrigerador,
al final del día, prefería prescindir de todo tipo de luz en la pieza de esa
pensión en que los guarenes se asomaban por las rendijas del baño, era como
leer a Bukowski en 3D, nunca me pareció tan difuso el límite entre ficción y
realidad.
Me preparé en el Preu
popular de la Chile, cuestión que me incomodó un poco porque no calzaba con la línea
narrativa de Factotum, pero ya no quería seguir viviendo en esa pensión de
mierda, ya no quería leer a Bukowski en 3D, quería volver a mi casa como un
héroe y comer tres veces al día y ver la telenovela de la tarde en invierno.
Para mi sorpresa, me fue bien en la PSU y como estaba leyendo Educación
Sentimental y Crimen y Castigo, novelas cuyos protagonistas son estudiantes de derecho,
ingresé a derecho, no fue la mejor idea que pude tener, pensé en el suicidio
alguna vez, por suerte, no es mi estilo. Pero mientras leía Educación
Sentimental y me paseaba por la escuela de derecho sentía que yo era Federico y
a la vez Flaubert y también Raskólnikov y alguna vez sentí que podía acceder al
corazón de Dostoyevski, claro que en los exámenes finales el mundo real se
olvidaba de nuestro acuerdo personal y me preguntaban artículos de códigos,
incisos, párrafos de leyes y ese tipo de mierdas que nada tenían que ver ni con
Flaubert ni con Dostoyevski, no me quedó otra que salir arrancando, no me
dejaron otra opción.
Me preparé para la PSU
de nuevo, esta vez, en soledad. Me hice fan de Breaking
Bad, también vi Escuela de Rock y de inmediato me sentí como Jack Black, no hay
nada más que pensar, me dije, nada que decidir, yo nací para este oficio, ser
profesor es lo más cool del mundo. Voy a ser el Axl Rose, de la pedagogía, creo que eso fue lo
que pensé cuando me matriculé en la UMCE.
Lo que quiero decir con
esto, si es que hay algo que quiero decir con todo esto, cuestión de la que no
estoy muy seguro, es que elijan bien el libro que van a leer al momento de
matricularse en la universidad porque la decisión de separar realidad y ficción
en este mundo es por decirlo menos, arbitraria.
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