Practicante en acción

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sábado, 26 de diciembre de 2015

Cantos de experiencia


Di la última Prueba de Aptitud Académica de la historia. Me fue pésimo, pero estoy seguro que era el mejor vestido, por lo menos, de mi sala. Zapatillas rojas, pantalón de tela negro y polerón de buzo ajustadísimo, como los que ocupaba Damon Albarn en el tiempo de Parklife, en mi mente yo era Renton y dar la PAA, una escena más de Trainspotting, sentía que había llegado a un acuerdo con el mundo real. Aunque probablemente no me veía tan bien como pensé, siempre he sido flaco, pero con guata, como esos perros vagabundos con parásitos, así que probablemente solo parecía un hombre embarazado, pero un embarazado con estilo, espero.  
5 años después, mientras trabajaba de junior en un sello musical y le ofrecía café a Cristóbal Briceño y Claudio Valenzuela y Florcita Motuda y Javiera Parra y otros muchos músicos, cuyos nombres no recuerdo, es posible que nadie los recuerde, pero espero que sigan escribiendo canciones, aunque sea en su pieza, el punto es que yo servía café y estudiaba para la PSU y en mi mente era Chinaski y todos los días de mi vida eran un capítulo más del Factotum de Bukowski. Mi pieza no tenía ventanas y el tubo fluorescente hacía un ruido parecido al de un refrigerador, al final del día, prefería prescindir de todo tipo de luz en la pieza de esa pensión en que los guarenes se asomaban por las rendijas del baño, era como leer a Bukowski en 3D, nunca me pareció tan difuso el límite entre ficción y realidad.
Me preparé en el Preu popular de la Chile, cuestión que me incomodó un poco porque no calzaba con la línea narrativa de Factotum, pero ya no quería seguir viviendo en esa pensión de mierda, ya no quería leer a Bukowski en 3D, quería volver a mi casa como un héroe y comer tres veces al día y ver la telenovela de la tarde en invierno. Para mi sorpresa, me fue bien en la PSU y como estaba leyendo Educación Sentimental y Crimen y Castigo, novelas cuyos protagonistas son estudiantes de derecho, ingresé a derecho, no fue la mejor idea que pude tener, pensé en el suicidio alguna vez, por suerte, no es mi estilo. Pero mientras leía Educación Sentimental y me paseaba por la escuela de derecho sentía que yo era Federico y a la vez Flaubert y también Raskólnikov y alguna vez sentí que podía acceder al corazón de Dostoyevski, claro que en los exámenes finales el mundo real se olvidaba de nuestro acuerdo personal y me preguntaban artículos de códigos, incisos, párrafos de leyes y ese tipo de mierdas que nada tenían que ver ni con Flaubert ni con Dostoyevski, no me quedó otra que salir arrancando, no me dejaron otra opción.
Me preparé para la PSU de nuevo, esta vez, en soledad. Me hice fan de   Breaking Bad, también vi Escuela de Rock y de inmediato me sentí como Jack Black, no hay nada más que pensar, me dije, nada que decidir, yo nací para este oficio, ser profesor es lo más cool del mundo. Voy a ser el  Axl Rose, de la pedagogía, creo que eso fue lo que pensé cuando me matriculé en la UMCE.

Lo que quiero decir con esto, si es que hay algo que quiero decir con todo esto, cuestión de la que no estoy muy seguro, es que elijan bien el libro que van a leer al momento de matricularse en la universidad porque la decisión de separar realidad y ficción en este mundo es por decirlo menos, arbitraria.

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