Practicante en acción

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miércoles, 30 de diciembre de 2015

La resa dei conti

“Donde la vida no tenía valor, la muerte, a veces, tenía un precio”, la frase es de la película Por unos cuantos dólares más, pero se puede aplicar a cualquier esfera de la vida, podría estar escrita en la entrada de cualquier hospital o establecimiento de educación en Chile y a uno le haría sentido, Sergio Leone trasciende a la esfera pública y privada chilena y Ennio Morricone, subyace. Morricone escribió una canción que se llama La resa dei conti, empieza con la melodía de un reloj, no sé si exista en la realidad, pero en la película, Eastwood abría el reloj y empezaba a sonar una musiquilla deliciosa antes del duelo final, es de esperar, que mis seres queridos pongan esa canción en mi funeral, mientras desciende el ataúd hacia el fondo del agujero.
Hoy en la mañana, caminaba por las calles solitarias de Concepción y la música de Morricone vino a mi mente. Tenía miedo, todavía no estaba del todo claro, entre seis y seis y media todo está un poco en penumbras. Una persona apareció de entre los matorrales y al verme volvió a esconderse en las matas, los arbustos se movían mucho, luego, salió otra persona y después otro más y yo apuraba el paso por las calles que rodean la Universidad de Concepción hasta llegar a la Plaza Perú, donde otros borrachos que no conocía me saludaban con entusiasmo, pero yo no quería hacer contacto visual con nadie, todo me parecía una amenza.
Normalmente, soy algo cobarde si se trata de andar solo cuando todo está oscuro en la ciudad, pero ahora estaba más cagado de miedo porque acababa de ver The Revenant, la última de DiCaprio y en la calle, cada momento parecía el último de mi vida, por eso invoqué a Morricone en mi cabeza, si voy a morir, que sea con La resa dei conti. The Revenant es un western y a mí los western me deliran, esas planicies infinitas rodeadas de montañas, cimas o balcones desde donde se puede mirar el abismo, me encanta eso, vaqueros perdidos en el desierto, sin planes para el futuro, con un pasado olvidable, intentando sobrevivir con lo mínimo, me encanta eso, gente que ya no tiene nada que perder, que no le teme ni a la muerte ni al dolor, buscando venganza en memoria de algún ser amado, me encanta eso.  
La película de  González Iñárritu tiene todo lo que se espera de un wetern, pero además, osos grizzly. A mí, desde que vi Grizzly Man, documental que sigue la vida de un amante de los osos que termina siendo devorado por uno y encontrado tiempo después dentro del estómago de uno de los animales que tanto quería, me encanta esa imagen, los osos grizzly me deliran tanto como los western, así que podemos decir que González Iñárritu unió lo mejor de dos mundos.
Recomiendo ver The Revenant al borde de algo, a mí me tocó verla al borde de la cama, me gusta pasar al baño antes de una película y al volver a la pieza Mochini, Maureen y Pacha ya habían tomado posición en el respaldo, me acomodé en una esquina, como un gato a los pies de pacha, estaba como cayéndome, con los pies casi en el suelo, la mitad de mi cuerpo se balanceaba en el vacío, creo que esto ayudó a percibir de mejor manera el film. Otra cosa que ayudó fue tener las patas de pacha al lado de la cara, cada tanto, pacha se refregaba las patas, una contra la otra y salía un olor que ambientaba de buena manera el espíritu salvaje de la película. A tenerlo presente, entonces, a la hora de ver el film, patas de pacha al lado de la cara y estar al borde de la nada.
Vaticino un oscar para DiCaprio.


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