“Donde la vida no tenía
valor, la muerte, a veces, tenía un precio”, la frase es de la película Por
unos cuantos dólares más, pero se puede aplicar a cualquier esfera de la vida,
podría estar escrita en la entrada de cualquier hospital o establecimiento de
educación en Chile y a uno le haría sentido, Sergio Leone trasciende a la
esfera pública y privada chilena y Ennio Morricone, subyace. Morricone escribió
una canción que se llama La resa dei conti, empieza con la melodía de un reloj,
no sé si exista en la realidad, pero en la película, Eastwood abría el reloj y
empezaba a sonar una musiquilla deliciosa antes del duelo final, es de esperar,
que mis seres queridos pongan esa canción en mi funeral, mientras desciende el
ataúd hacia el fondo del agujero.
Hoy en la mañana,
caminaba por las calles solitarias de Concepción y la música de Morricone vino
a mi mente. Tenía miedo, todavía no estaba del todo claro, entre seis y seis y
media todo está un poco en penumbras. Una persona apareció de entre los
matorrales y al verme volvió a esconderse en las matas, los arbustos se movían
mucho, luego, salió otra persona y después otro más y yo apuraba el paso por
las calles que rodean la Universidad de Concepción hasta llegar a la Plaza
Perú, donde otros borrachos que no conocía me saludaban con entusiasmo, pero yo
no quería hacer contacto visual con nadie, todo me parecía una amenza.
Normalmente, soy algo
cobarde si se trata de andar solo cuando todo está oscuro en la ciudad, pero
ahora estaba más cagado de miedo porque acababa de ver The Revenant, la última
de DiCaprio y en la calle, cada momento parecía el último de mi vida, por eso
invoqué a Morricone en mi cabeza, si voy a morir, que sea con La resa dei
conti. The Revenant es un western y a mí los western me deliran, esas planicies
infinitas rodeadas de montañas, cimas o balcones desde donde se puede mirar el
abismo, me encanta eso, vaqueros perdidos en el desierto, sin planes para el
futuro, con un pasado olvidable, intentando sobrevivir con lo mínimo, me encanta
eso, gente que ya no tiene nada que perder, que no le teme ni a la muerte ni al
dolor, buscando venganza en memoria de algún ser amado, me encanta eso.
La película de González Iñárritu tiene todo lo que se espera
de un wetern, pero además, osos grizzly. A mí, desde que vi Grizzly Man,
documental que sigue la vida de un amante de los osos que termina siendo
devorado por uno y encontrado tiempo después dentro del estómago de uno de los
animales que tanto quería, me encanta esa imagen, los osos grizzly me deliran
tanto como los western, así que podemos decir que González Iñárritu unió lo
mejor de dos mundos.
Recomiendo ver The
Revenant al borde de algo, a mí me tocó verla al borde de la cama, me gusta
pasar al baño antes de una película y al volver a la pieza Mochini, Maureen y Pacha
ya habían tomado posición en el respaldo, me acomodé en una esquina, como un
gato a los pies de pacha, estaba como cayéndome, con los pies casi en el suelo,
la mitad de mi cuerpo se balanceaba en el vacío, creo que esto ayudó a percibir
de mejor manera el film. Otra cosa que ayudó fue tener las patas de pacha al
lado de la cara, cada tanto, pacha se refregaba las patas, una contra la otra y
salía un olor que ambientaba de buena manera el espíritu salvaje de la
película. A tenerlo presente, entonces, a la hora de ver el film, patas de
pacha al lado de la cara y estar al borde de la nada.
Vaticino un oscar para
DiCaprio.
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