Respire, pero no tanto.
No realice ningún tipo
de actividad física.
Viva, pero no lo
suficiente.
Frente al humo de un
incendio, cierre puertas y ventanas para impedir que el humo ingrese a su
domicilio.
Viva, no sea demasiado
feliz ni demasiado miserable, solo viva, pero sin que se note tanto su
existencia.
Manténgase informado,
no apague la televisión y siga nuestros consejos.
Me cago de calor,
siento que ya no queda agua en mi cuerpo, desde las 7 de la mañana le pega el
sol directo a mi pieza y el paño que hace las veces de cortina no cubre toda la
ventana, el sol en verano me deshidrata desde temprano. Las autoridades
recomiendan no abrir la ventana, los animadores en los matinales recomiendan
respirar poco. Alondra me mira, maúlla enojada como diciendo, huevón, estoy
cubierta de pelo, es verano, vivimos en Santiago y tú no piensas abrir la puta
ventana. Tiene razón, es la más sensata de la familia. Desobedezco a las autoridades,
cosa que no acostumbro hacer, abro la ventana, entra mal olor, pero es la
ciudad en que vivo, es el siglo XXI, es Blade Runner, es el ciberpunk, Santiago
está cada día más Philip K. Dick y hay que hacerse cargo.
Use una mascarilla o
coloque un paño húmedo sobre su nariz y boca, esta simple medida le ofrece
cierta protección frente a la inhalación de humo.
Si su piel se ha
impregnado de cenizas, quítese la ropa y lávese con abundante agua. Retire sus
lentes de contacto y lave sus ojos.
Voy a necesitar una
escafandra, ese casco que ocupan los buzos y astronautas, que en definitiva son
lo mismo, para mí siempre han sido hermanos de los vaqueros, es decir, personas
flotando en la nada observando horizontes infinitos.
Arde Santiago y
necesito una escafandra, debo evolucionar de ciudadano a vaquero, un vaquero
astronauta, pero no tengo escafandra que me permita ir a comprar pan a la
esquina o internarme en agujeros negros, que ahora es lo mismo.
El profeta Adrián Igual
lo adelantó y nadie quiso escuchar su advertencia, en su canción Arde Santiago
lo dice claramente: “Arde Santiago, es un día muy feliz, cuando caiga el sol,
mi vida es un fugaz espacio y tiempo”. Pero Claudio Orrego de seguro escuchó la
canción, la bailó en su pieza frente al espejo, pero no entendió el mensaje,
hay que escuchar más a los artistas y menos al Ministerio de Salud, señor
Orrego, tome nota de los profetas callejeros, tome nota del pop chileno.
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