¿Estás despierta?,
pregunto. Alondra no contesta. Le hago cariño en la barbilla y ella me mira con
cara de sueño. ¿Crees en la vida extraterrestre?, le pregunto. Ella maúlla, me
putea, no preguntes hueás y deja dormir, creo que me dice. Tengo miedo, Alondra,
creo que hay alienígenas ancestrales, observándonos, le digo. Ella me mira como
diciendo, ya tienes 31 años, hueón, ¿no estás un poco mayor para estas cosas?
Además, de haber querido raptarte, ya lo habrían hecho. Reconozco que Alondra
tiene un punto ahí, pero es que History Channel puede ser muy convincente. Alondra
levanta una pata para lamerse el culo, me mira enojada, duérmete hueón, parece
decir.
Es de noche y el
departamento está oscuro. Estoy sentado al borde de la cama, a mi lado, alondra
intenta dormir. Generalmente, me gusta cuando todos se van a acostar y yo me
quedo despierto, vagando, yendo de la cama al living, pero hoy tengo miedo.
Escucho ruidos, veo
sombras en la pared, espero que las luces que entran por la ventana tengan
explicación en este mundo.
No porque uno decida ir
a dormir, la lucha entre el bien y el mal va a detenerse en el resto de la
ciudad o el universo. Puedo tomar helado en verano, pero el fuego del infierno
sigue afuera, acechando.
Acabo de ver un
capítulo de Los Archivos Secretos X, el primero, el capítulo piloto. Me tenían
prohibido ver la serie cuando chico, me acostaba con mucho miedo, pensaba que
todas las luces que veía en la ventana eran alienígenas que venían a buscarme,
bajaba a la pieza de mis papás y pedía dormir con ellos, en ese tiempo tenía
como 14 o 15 años, ya no era tan chico, pero siempre he sido muy impresionable.
Pensé que ya era lo
suficientemente grande como para enfrentar los miedos del pasado, pero no. No
puedo ir al baño, la serie de Mulder y Scully me paralizó. Avanzo por el
pasillo, muy rápido, tropiezo un par de veces antes de llegar a mi pieza. Le
echo llave a la puerta y meo en una botella plástica. Me meto a la cama con la botella
con mis pichís, que abrazo a modo de amuleto. Alondra me observa, maúlla, deja
dormir, no va a pasar nada, parece decir.
Unas décimas recito
antes de ser abducido
o de quedarme dormido
en la pieza que habito
mi poética ejercito.
Alondra, ¿estás
despierta?
Silenciosa y desierta
La pieza está oscura
Solo queda tu ternura
Gata romana experta
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