Practicante en acción

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jueves, 21 de enero de 2016

Yendo de la cama al living

¿Estás despierta?, pregunto. Alondra no contesta. Le hago cariño en la barbilla y ella me mira con cara de sueño. ¿Crees en la vida extraterrestre?, le pregunto. Ella maúlla, me putea, no preguntes hueás y deja dormir, creo que me dice. Tengo miedo, Alondra, creo que hay alienígenas ancestrales, observándonos, le digo. Ella me mira como diciendo, ya tienes 31 años, hueón, ¿no estás un poco mayor para estas cosas? Además, de haber querido raptarte, ya lo habrían hecho. Reconozco que Alondra tiene un punto ahí, pero es que History Channel puede ser muy convincente. Alondra levanta una pata para lamerse el culo, me mira enojada, duérmete hueón, parece decir.
Es de noche y el departamento está oscuro. Estoy sentado al borde de la cama, a mi lado, alondra intenta dormir. Generalmente, me gusta cuando todos se van a acostar y yo me quedo despierto, vagando, yendo de la cama al living, pero hoy tengo miedo.
Escucho ruidos, veo sombras en la pared, espero que las luces que entran por la ventana tengan explicación en este mundo.
No porque uno decida ir a dormir, la lucha entre el bien y el mal va a detenerse en el resto de la ciudad o el universo. Puedo tomar helado en verano, pero el fuego del infierno sigue afuera, acechando.
Acabo de ver un capítulo de Los Archivos Secretos X, el primero, el capítulo piloto. Me tenían prohibido ver la serie cuando chico, me acostaba con mucho miedo, pensaba que todas las luces que veía en la ventana eran alienígenas que venían a buscarme, bajaba a la pieza de mis papás y pedía dormir con ellos, en ese tiempo tenía como 14 o 15 años, ya no era tan chico, pero siempre he sido muy impresionable.
Pensé que ya era lo suficientemente grande como para enfrentar los miedos del pasado, pero no. No puedo ir al baño, la serie de Mulder y Scully me paralizó. Avanzo por el pasillo, muy rápido, tropiezo un par de veces antes de llegar a mi pieza. Le echo llave a la puerta y meo en una botella plástica. Me meto a la cama con la botella con mis pichís, que abrazo a modo de amuleto. Alondra me observa, maúlla, deja dormir, no va a pasar nada, parece decir.


Unas décimas recito
antes de ser abducido
o de quedarme dormido
en la pieza que habito
mi poética ejercito.
Alondra, ¿estás despierta?
Silenciosa y desierta
La pieza está oscura
Solo queda tu ternura
Gata romana experta




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