Practicante en acción

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sábado, 16 de enero de 2016

¿Ratones o Palomas?

¿Qué prefieres, palomas o ratones?, pregunta Vladimiro, nadie responde. Pienso en un lugar para mear. Hay un supermercado en la esquina, pero estoy un poco mareado, me da miedo caer al suelo y no poder pararme al medio de la calle y me da miedo porque no me sentiría incómodo frente a los autos, me da miedo porque estaría bien para mí caerme en cualquier parte, en este momento.
Te despiertas en la mañana, ¿prefieres que te esté mirando una paloma o un ratón?, pregunta Vladimiro. Todos reflexionan, como tratando de llegar al fondo de las cosas, silencio, solemnidad, respeto, el grupo en círculo, pensando, palomas o ratas, he ahí la cuestión.
La vida no tiene sentido, dice Violeta, mientras, sube a las protecciones de las casas. Arriba, muy arriba, tanto que cuesta oír su voz, Violeta dice: Me odio y me quiero morir. Esto no pinta bien, pienso y busco un lugar para mear. A veces, Violeta deja caer las botellas contra el suelo y no pasa nada, otras, el vino se confunde con la sangre de alguien que tuvo la mala ocurrencia de sacarse los zapatos y odiar los calcetines. A veces, Violeta se pierde un momento y la encontramos arriba de un árbol y pienso que todo va a estar bien, ella tiene buen equilibrio y agilidad, nada puede salir mal, otras, Violeta desaparece y la volvemos a ver arriba de un poste de luz y puedo ver los pedazos de su cráneo partido en dos en la cuneta y busco un lugar para mear y no lo encuentro.
Estás cagando en tu casa, ¿qué prefieres, que aparezca una paloma entrando por la ventana o un ratón bajo la puerta?  Se escuchan las preguntas de Vladimiro mientras caminamos por el Parque Forestal y atravesamos el Parque Bustamante y seguimos porque hay que dar con el parque de las esculturas o plaza de las esculturas, un lugar que tiene esculturas y que ofrece música gratis y todos tenemos debilidad por lo gratuito.
Los ratones me parecen más tiernos, pienso, las palomas, asquerosas, especialmente las que tienen plumas largas en la cabeza o las que no tienen cuello y parecen un guarén grande, los guarenes no me gustan, las ratitas que se dejan ver en los andenes del metro, esas sí, esas son divertidas, pero todo esto lo pienso en silencio porque busco un lugar para mear, un lugar perfecto, un lugar donde no me sienta observado, un lugar donde saque mi tula para mear y la gente me ame por eso, pero no lo encuentro.
Violeta dice: Yo me rebelo contra la muerte, a eso me dedico, mi oficio es mirar el abismo a los ojos todos los días y obligarlo a bajar la mirada. No sé lo que signifique eso, pero la chica suena convincente y/o convencida. ¿Y tú, tú qué mierda haces?, pregunta Violeta. No sé a quién le habla, probablemente, ella tampoco lo sepa, probablemente, se dirija a todos los seres humanos del planeta, probablemente, a nadie.
A Violeta le dicen Antártica, no sé por qué, pero así le dicen. El Continente Antártico es un lugar solitario, pienso, puros milicos viendo tele, así se me imagina, con un par de pingüinos afuera, marchando hacia un lugar todavía más helado. Nosotros igual marchamos como pingüinos, pero hacia un lugar que ofrece Jazz al aire libre, no me gusta el Jazz, pero es gratis y lo del aire libre suena bien y me hace sentir bien, caminar, el aire está fresco, pero no da frío, no como en la Antártica, el lugar más helado de la tierra, qué sola está la gente en la Antártica, puros milicos tomando whisky, me imagino, a Violeta le dicen así, Antártica, no pregunto por qué, me concentro en buscar un lugar para mear, un lugar donde saque la tula para mear y me aplaudan por eso y me la sacudan de puro agradecida que se sienta la gente, pero no encuentro el lugar perfecto para mear, ese lugar que me relaje lo suficiente como para soltar los litros de pichí que retengo en mi interior desde hace horas. Va a costar al principio, el comienzo siempre cuesta cuando te has aguantado mucho, pero el final, después de botarlo todo, cuando solo quede un último hilo de pichí bajando por mi tula, ese momento será glorioso, eso si es que encuentro un lugar perfecto para mear en la calle, pero no lo veo y sigo caminando, con cierto dolor, pero lleno de fe, pensando que la Antártica es un lugar frío y solitario, puros milicos jugando cartas, creo.


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