Practicante en acción

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domingo, 17 de enero de 2016

Cartas a The Brain

Querido The Brain, habla The Kid, tu hermano. Estuviste de cumpleaños esta semana y me puse a pensar en las relaciones entre hermanos, desde Caín y Abel en adelante. Al principio pensé que nosotros éramos como los hermanos Gallagher, tú podrías ser Noel, un tipo sensato, él que se tuvo que subir a cantar en el unplugged porque Liam no tenía ganas, no sé, a mí me encantaría ser como Liam, problemático, pero cool, un idiota con encanto y caminar con las patas abiertas y escupir en el escenario, pero no, no tengo lo que se necesita, escupir lejos y con gracia es un talento que si no lo desarrollas en la básica, es muy difícil que más grande aprendas, como aprender a tirarse flatos, si a los 30 años no sabes tirarte flatos, ya no aprendiste, son talentos muy sutiles, habilidades que requieren la inconsciencia de un niño y la pericia de un saiyajin.
Después, pensé en Toro Salvaje, tú serías Joe Pesci, el hermano que ayuda a Robert De Niro, boxeador que termina contando chistes cortos en locales pequeñísimos, dando combos al aire frente al espejo mientras practica su rutina de chistes viejos, la historia me queda bien, me identifica, pero tendría que ser Robert De Niro y siempre me he sentido más Al Pacino para mis cosas, menos versátil que De Niro, según yo la gracia de Al Pacino es saber mirar fijamente el vacío y no pestañear mucho, creo que puedo hacer eso.
Luego, pensé en La ley de la calle, tú serías Mickey Rourke, el Chico de la Moto, yo, su hermano chico, Matt Dillon. La historia nos queda bastante bien, Matt Dillon a la siga de Mickey Rourke, el Chico de la Moto preguntándole a su hermano menor por qué ve así, como cagado todo el tiempo. Matt Dillon deseando ser como Mickey Rourke, pero sin buenos resultados, siempre dañado, frágil, es una versión rara del Chico de la Moto, quien ya era lo suficientemente raro.
Por último, vinieron a mi mente, lentamente, sin hacer mucho ruido, sin hacer mucho daño, las hermanas Bolocco, fenómeno que me perturbó un poco, porque hay que reconocerlo, hay un parecido entre ellas y nosotros. La mayor de las Bolocco, Cecilia, más distinguida, más elegante, más carismática, más sociable, quizás, más ubicada. En cambio, la menor, Diana, uno no sabe muy bien qué está haciendo ahí, ¿baila?, ¿canta?, ¿cuenta chistes?, ¿anima?, no se sabe muy bien, de repente apareció, la gente al principio se cuestionó un poco el tono de su voz, si acaso era un aporte o no, pero ahora la gente se acostumbró y la niña se terminó quedando, para siempre, quizás. Es una allegada de la televisión y del glamour, su mérito consiste en pasar piola y yo soy allegado de oficio y convicción, ergo, la analogía con las hermanas Bolocco es, sin temor a equivocarme, la más sensata.

Hermano, The Kid es a Diana como The Brain es a Cecilia. A no dudar. 

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