Practicante en acción

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viernes, 15 de enero de 2016

Pasión por la gratuidad

Al igual que el hermano de Mañalich, tengo debilidad por la gratuidad. Debe ser porque al igual que el hermano de Mañalich, llevo una vida muy austera. Vladimiro me dice que hay un evento gratis, apaño le digo yo. Después leo la descripción del evento que incluye música electrónica experimental y no me gusta la música electrónica ni la experimentación de ningún tipo, además, habrá juegos de supernintendo y nunca tuve supernintendo, también se señala que será una instancia para conocer personas nuevas y no me gusta conocer personas nuevas, de hecho, me cuesta mucho relacionarme con las personas antiguas.
La casa tiene varias piezas, hay una exposición de cuadros a la entrada, están bonitos, mucho amarillo patito y palo rosa, me encanta eso, como crítico de arte haría unas críticas escuetas, pero intentando ser preciso, certero, algo como, miro el cuadro, me gustan los colores, podría mirar esto mucho tiempo, toda la vida, quizás, a disfrutar del arte, camaradas. Pero esta noche no ando de crítico, todo lo contrario, intento irradiar cordialidad.
En la pieza destinada al supernintendo me ofrecen participar de un juego de pelea. Presiono todos los botones juntos, pero mi rival me come y me escupe y eso me quita mucha energía y muero, no puedo evitar sentirme mal por mi desempeño como gamer, pido la revancha, me la dan, vuelven a comerme y a escupirme, vuelvo a perder. Me siento en un sillón y me limito a mirar como otros juegan. ¿Qué estoy haciendo acá?, me pregunto y no me gusta que ideas de ese tipo vengan a mi mente, no me gusta llegar a un lugar y querer irme a los 5 minutos.
Luego, empieza la música y llega más gente, son personas con las que he coincidido en otras exposiciones de arte, Vladimiro siempre está muy atento a las exposiciones de artistas emergentes, a veces, hay comida y vino gratis, a veces, tocan bandas, a veces, hay buen arte, quiero decir que lo que propone el artista tiene sentido para ti, te quedas pensando en eso y te estimula de alguna manera. Pero siempre, todos se conocen y nosotros no conocemos a nadie. Estamos como en un cumpleaños sin haber sido invitados y eso me empieza a poner incómodo. La gente se saluda, se abraza, comparten marihuana, tiene sexo en el baño y uno en la pared, mirando, con una cerveza en la mano. La situación puede ser incómoda.
Yo con Vladimiro siempre vestimos igual, yo con mi camisa a cuadros roja y él con su polera del astronauta de Odisea en el espacio o la de Pescado Rabioso, ahora algo en desuso, le cayó vino justo en la cabeza del pescado, ahora es un pez sangrante, un pez herido por la bohemia, lo que no está nada de mal, como motivo artístico, puede que esté mejor que antes. El punto es que los dos siempre andamos igual, entonces, como que nos ubican, pero no nos conocen y yo siento que los artistas indie piensan cuando nos ven llegar a sus exposiciones, ahí vienen los que no se cambian ropa, eso creo que piensan, así creo que nos llaman, “ya llegaron los que no se cambian ropa, qué bueno, ya me estaba preocupando, ya los estaba echando de menos”.
Entonces, me acerco y observo al artista de música electrónica experimental que empieza a experimentar con mis sentidos, con mi estado anímico, tendido en un sillón siento que un avión viene cayendo en nuestra dirección, como el comienzo de Relatos Salvajes, la música experimental me deja en ese estado mental, me deja a mí pensando, en cualquier momento se estrella un avión contra nosotros y éramos y fuimos y ahí quedaste arte, ahí quedaste experimentación.
La noche es para ver comedias románticas, pienso, mientras camino por Avenida Matta y al llegar a Vicuña Mackenna  tengo la convicción de que siempre se puede ver Tienes un e-mail otra vez, porque Meg Ryan me delira en demasía, porque Tom Hanks es pasión, porque la comedia romántica, más que un género o un tipo de película es una forma de vida.

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