Amor, locura y muerte.
Pienso en estas tres cosas cuando algo me preocupa, un asunto pedestre, por llamarlo
de alguna manera, tesis o memoria de título, por llamarlo de otra.
Cuentos de amor de locura
y de muerte, qué buen título, por la mierda, Horacio Quiroga se me adelantó, al
parecer, llegué tarde a mis tópicos. Nadie quiere hablar de la locura ni de la
muerte, pero no sé por qué, son mis temas predilectos.
En Hualpén vivo frente
al hogar de ancianos, eso ayuda, creo. Cada tanto, llegan autos de la funeraria
o ambulancias, hay un viejo que gusta de tirar pan a los transeúntes, me han
llegado varias hallullas en la cabeza, otro viejo me grita, conchetumadre,
desde su silla de ruedas, una viejita me despierta en las mañanas con sus
chillidos en el jardín, se quiere escapar del asilo, pero es muy lenta, cuando
logra burlar la vigilancia de la puerta no llega muy lejos, lo que no impide
que cada día lo vuelva a intentar.
A veces, generalmente,
en la noche, comienzo a preocuparme por la tesis. Se me aprieta el estómago, la
espalda y el cuello, me atrevo a decir que también se me aprieta el alma. Me
siento mal, hay días en que solo avanzo una palabra, generalmente, un adjetivo.
El día tiene 24 horas y solo soy capaz de escribir un adjetivo, esa idea me
hace sentir pésimo. Porque invierto mi tiempo en otra cosa, porque seguramente
recordé que uno se muere y que todavía no he visto una película que estoy
seguro me va a gustar, Intensamente, por ejemplo, que la vi hoy y el personaje
del amigo imaginario me encantó y me hizo reír con sus canciones y me hizo llorar
al desaparecer y sucede que fue una gran idea olvidarse de la tesis para ver
Intensamente.
La locura y la muerte
están al acecho, lo puedo ver frente a mi asa todos los días, pero ahora estoy
sano y lo más raro, tengo tiempo. Formalmente, trabajo en mi tesis, es una
buena fachada, suena como a intentar hacer algo con mi vida mientras vivo de
allegado. Pero tú, hipócrita lector, sabes la verdad. Te habrás dado cuenta que
disfruto de mis últimos meses de libertad. Ahora tengo tiempo, pero después de
Mayo, cuando defienda la mierda de tesis, se acabó el sueño.
Hoy puedo echarme en el
suelo y escuchar la discografía de Pulp completa y si me dan ganas sigo con
Jarvis Cocker solista y por qué no estudiar la primera etapa de Chayanne o
Miguel Bosé, vivo en el siglo XXI y tengo tiempo, es un milagro.
Libertad similar solo
experimenté en mi época de Dina Gómez, recuerdopasar tardes completas echado en
mi sillón y cama y living y comedor, escuchando música, Reinaldo aparece y me
dice, te fijaste en tal canción de Fito Paez, yo, no, Polaroid de locura ordinaria,
se llama, está inspirada en un cuento de Bukowski. Me levanto, busco el cuento,
La chica más guapa de la ciudad, se llama. Me encanta el cuento, me encanta la
canción y el resto del día se invierte en volver a escuchar la canción y releer
el cuento, así, sucesivamente. Eso es libertad y son momentos preciosos en la
vida de un ser humano.
La muerte y la locura
acechan frente a mi casa, pero yo tengo tiempo, en el siglo XXI soy una persona
que tiene tiempo, no sé si se repita un momento así en mi vida, tengo que
asegurarme de hacer cosas lo suficientemente inútiles, cosas que serían imposibles
de hacer en otras circunstancias.
Escuchar un disco de
principio a fin por el puro gusto de escuchar música, a cualquier hora,
cualquier día, es una cosa que ya no se ve muy seguido. Hay que procurar que la
música no termine, porque la muerte y la locura están esperando.
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