Practicante en acción

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sábado, 2 de enero de 2016

Hallullas en mi cabeza

Amor, locura y muerte. Pienso en estas tres cosas cuando algo me preocupa, un asunto pedestre, por llamarlo de alguna manera, tesis o memoria de título, por llamarlo de otra.
Cuentos de amor de locura y de muerte, qué buen título, por la mierda, Horacio Quiroga se me adelantó, al parecer, llegué tarde a mis tópicos. Nadie quiere hablar de la locura ni de la muerte, pero no sé por qué, son mis temas predilectos.
En Hualpén vivo frente al hogar de ancianos, eso ayuda, creo. Cada tanto, llegan autos de la funeraria o ambulancias, hay un viejo que gusta de tirar pan a los transeúntes, me han llegado varias hallullas en la cabeza, otro viejo me grita, conchetumadre, desde su silla de ruedas, una viejita me despierta en las mañanas con sus chillidos en el jardín, se quiere escapar del asilo, pero es muy lenta, cuando logra burlar la vigilancia de la puerta no llega muy lejos, lo que no impide que cada día lo vuelva a intentar.
A veces, generalmente, en la noche, comienzo a preocuparme por la tesis. Se me aprieta el estómago, la espalda y el cuello, me atrevo a decir que también se me aprieta el alma. Me siento mal, hay días en que solo avanzo una palabra, generalmente, un adjetivo. El día tiene 24 horas y solo soy capaz de escribir un adjetivo, esa idea me hace sentir pésimo. Porque invierto mi tiempo en otra cosa, porque seguramente recordé que uno se muere y que todavía no he visto una película que estoy seguro me va a gustar, Intensamente, por ejemplo, que la vi hoy y el personaje del amigo imaginario me encantó y me hizo reír con sus canciones y me hizo llorar al desaparecer y sucede que fue una gran idea olvidarse de la tesis para ver Intensamente.
La locura y la muerte están al acecho, lo puedo ver frente a mi asa todos los días, pero ahora estoy sano y lo más raro, tengo tiempo. Formalmente, trabajo en mi tesis, es una buena fachada, suena como a intentar hacer algo con mi vida mientras vivo de allegado. Pero tú, hipócrita lector, sabes la verdad. Te habrás dado cuenta que disfruto de mis últimos meses de libertad. Ahora tengo tiempo, pero después de Mayo, cuando defienda la mierda de tesis, se acabó el sueño.
Hoy puedo echarme en el suelo y escuchar la discografía de Pulp completa y si me dan ganas sigo con Jarvis Cocker solista y por qué no estudiar la primera etapa de Chayanne o Miguel Bosé, vivo en el siglo XXI y tengo tiempo, es un milagro.
Libertad similar solo experimenté en mi época de Dina Gómez, recuerdopasar tardes completas echado en mi sillón y cama y living y comedor, escuchando música, Reinaldo aparece y me dice, te fijaste en tal canción de Fito Paez, yo, no, Polaroid de locura ordinaria, se llama, está inspirada en un cuento de Bukowski. Me levanto, busco el cuento, La chica más guapa de la ciudad, se llama. Me encanta el cuento, me encanta la canción y el resto del día se invierte en volver a escuchar la canción y releer el cuento, así, sucesivamente. Eso es libertad y son momentos preciosos en la vida de un ser humano.
La muerte y la locura acechan frente a mi casa, pero yo tengo tiempo, en el siglo XXI soy una persona que tiene tiempo, no sé si se repita un momento así en mi vida, tengo que asegurarme de hacer cosas lo suficientemente inútiles, cosas que serían imposibles de hacer en otras circunstancias.
Escuchar un disco de principio a fin por el puro gusto de escuchar música, a cualquier hora, cualquier día, es una cosa que ya no se ve muy seguido. Hay que procurar que la música no termine, porque la muerte y la locura están esperando.    

  

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