En
mi casa había pocos libros, aun así, cuando niño me llamaba la atención un Pequeño
Larousse Ilustrado que mi mamá dejaba para libre consulta en el living. La tapa
era de género rojo, me parecía bonito, además, tenía hartas fotos que
acompañaban lo que se iba describiendo, fue mi libro favorito, durante toda mi
primera infancia, lamentablemente, no me hizo más culto, solo ayudó a que
surgiera en mí una pasión por acariciar libros, una obsesión casi patológica
por buscar ediciones bonitas para satisfacer mis necesidades estéticas, más que
intelectuales.
Entré
a un colegio católico, al Sagrados Corazones de Hualpén, pero cuando el colegio
era proletario, de barrio, no como ahora, que se ha puesto más elitista. El
punto es que se leía el Nuevo Testamento, el Evangelio de san Juan me llamó la
atención, pero siempre me gustó más el Antiguo Testamento, era como leer El
Señor de los Anillos, mucha batalla, mucho sexo, gente que abre mares y castiga
a los malos con plagas, en definitiva, todo lo que necesita la imaginación de
un niño en la pubertad. En mi familia ha habido muchos curas, entonces, eso
hace que haya gran disponibilidad de biblias por toda la casa. Había una que me
gustaba en especial, con tapa de género y el dibujo de un candelabro dorado con
7 velas en la portada. Por la noche, las velas parecían brillar en la oscuridad
y, adentro, había todo tipo de ilustraciones, Sansón abriendo las quijadas de
un león gigante con las manos, por ejemplo, a mí no me dejaban ver cosas
violentas en televisión, entonces, el Antiguo Testamento satisfizo la necesidad
de fantasías violentas que existía en mi interior.
Cuando
niño me gustaba leer, esos libros del Barco de Vapor que nos indicaban, pero me
limitaba a la lectura obligatoria, por gusto, siempre prefería los cómics,
revistas antiguas, todas heredadas de mi hermano mayor, la Abeja Maya,
Condorito, Érase una vez el hombre, Barrabases, Mampato, etc. Nada muy actual.
Nunca tuve acceso a la vanguardia en Hualpén.
En
la adolescencia no leí mucho, ni siquiera la lectura obligatoria del colegio
porque se enfocaba mucho en la educación sexual, pero sin espíritu narrativo,
libros plagados de descripciones de enfermedades venéreas, con fotos de penes
podridos y ese tipo de cosas.
Al
salir del colegio iba a las ferias de libros usados que se ubicaban en la Plaza
Perú de Concepción. Ya había leído a Roberto Bolaño y buscaba entrevistas de él
en internet donde hablara de otros escritores. Así, llegué a Raymond
Chandler, James Ellroy, Philip K. Dick y
Graham Greene. Los detectives Salvajes era mi novela de cabecera en aquella
época, así que anotaba los nombre de
cuanto escritor mencionara Bolaño en sus entrevistas y luego los buscaba en las
ferias de libros usados, que nunca fueron muchas, pero, por otro lado, yo
tampoco tenía mucho dinero, así que tampoco habría podido comprar más libros,
de haber encontrado una oferta mayor en mi ciudad natal.
En
conclusión, si se ha de concluir algo en esta ocasión, debo decir que la internet
y las ferias de libros usados cumplen un rol fundamental a la hora de buscar
nuevos libros en mi vida como lector.
Saludos.
Diego
Vega.
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