Practicante en acción

Practicante en acción

viernes, 18 de marzo de 2016

Mi otra vida como lector

En mi casa había pocos libros, aun así, cuando niño me llamaba la atención un Pequeño Larousse Ilustrado que mi mamá dejaba para libre consulta en el living. La tapa era de género rojo, me parecía bonito, además, tenía hartas fotos que acompañaban lo que se iba describiendo, fue mi libro favorito, durante toda mi primera infancia, lamentablemente, no me hizo más culto, solo ayudó a que surgiera en mí una pasión por acariciar libros, una obsesión casi patológica por buscar ediciones bonitas para satisfacer mis necesidades estéticas, más que intelectuales.
Entré a un colegio católico, al Sagrados Corazones de Hualpén, pero cuando el colegio era proletario, de barrio, no como ahora, que se ha puesto más elitista. El punto es que se leía el Nuevo Testamento, el Evangelio de san Juan me llamó la atención, pero siempre me gustó más el Antiguo Testamento, era como leer El Señor de los Anillos, mucha batalla, mucho sexo, gente que abre mares y castiga a los malos con plagas, en definitiva, todo lo que necesita la imaginación de un niño en la pubertad. En mi familia ha habido muchos curas, entonces, eso hace que haya gran disponibilidad de biblias por toda la casa. Había una que me gustaba en especial, con tapa de género y el dibujo de un candelabro dorado con 7 velas en la portada. Por la noche, las velas parecían brillar en la oscuridad y, adentro, había todo tipo de ilustraciones, Sansón abriendo las quijadas de un león gigante con las manos, por ejemplo, a mí no me dejaban ver cosas violentas en televisión, entonces, el Antiguo Testamento satisfizo la necesidad de fantasías violentas que existía en mi interior.  
Cuando niño me gustaba leer, esos libros del Barco de Vapor que nos indicaban, pero me limitaba a la lectura obligatoria, por gusto, siempre prefería los cómics, revistas antiguas, todas heredadas de mi hermano mayor, la Abeja Maya, Condorito, Érase una vez el hombre, Barrabases, Mampato, etc. Nada muy actual. Nunca tuve acceso a la vanguardia en Hualpén.
En la adolescencia no leí mucho, ni siquiera la lectura obligatoria del colegio porque se enfocaba mucho en la educación sexual, pero sin espíritu narrativo, libros plagados de descripciones de enfermedades venéreas, con fotos de penes podridos y ese tipo de cosas.  
Al salir del colegio iba a las ferias de libros usados que se ubicaban en la Plaza Perú de Concepción. Ya había leído a Roberto Bolaño y buscaba entrevistas de él en internet donde hablara de otros escritores. Así, llegué a Raymond Chandler,  James Ellroy, Philip K. Dick y Graham Greene. Los detectives Salvajes era mi novela de cabecera en aquella época, así que anotaba  los nombre de cuanto escritor mencionara Bolaño en sus entrevistas y luego los buscaba en las ferias de libros usados, que nunca fueron muchas, pero, por otro lado, yo tampoco tenía mucho dinero, así que tampoco habría podido comprar más libros, de haber encontrado una oferta mayor en mi ciudad natal.
En conclusión, si se ha de concluir algo en esta ocasión, debo decir que la internet y las ferias de libros usados cumplen un rol fundamental a la hora de buscar nuevos libros en mi vida como lector. 
Saludos.
Diego Vega.


No hay comentarios:

Publicar un comentario