Los
villancicos de Luis Miguel se acercan lentamente, un Luis Miguel gordo y
bronceado, un Luis Miguel inevitable, un Luis Miguel que decidió quedarse cantando
en mi cabeza desde las fiestas de fin de año “él sabe de ti, él sabe de mí, él
lo sabe todo no intentes huir, Santa Claus llegó a la ciudad”, Papa Noel nunca
me pareció tan siniestro.
Preparo
mi bolso, vuelvo a Santiago, no sé muy bien a qué, pero es una sensación
conocida, mi sensación favorita, la sensación de la casa, por decirlo de alguna
manera, una sensación de mierda, pero te acostumbras con el tiempo, visto de
otra forma.
No
sé qué echarle al bolso, tiro cosas al azar y confío en que algo me servirá. Lo
único que no puedo olvidar es mi regalo navideño, un iPhone, hablaría mal de mí,
olvidar mi único regalo.
No
sé ocupar el iPhone, todavía no lo enciendo, soy un chico prepago, la
tecnología touch me intimida. Mi hermano mayor dice que me tengo que modernizar
para que mis estudiantes no me hagan huevón tan fácilmente en las pruebas y ese
tipo de cosas. Es un buen punto, pero no sé si me complica que me hagan huevón,
si llevo haciéndome el huevón toda mi vida en diversos aspectos conmigo mismo y
con los demás, me parece contradictorio molestarme porque otra persona me
quiera hacer huevón, es como no hacerse cargo de la opción que elegí y que
desempeño en la vida con relativo éxito, que es ser más bien huevón, un poco,
no demasiado, pero huevón, soy huevón, es parte de mi naturaleza, no me corten
las alas de la idiotez.
Tengo
un iPhone, nunca pensé que tendría uno. Me da miedo sacarlo de la caja, ni
siquiera le he sacado el plástico que lo protege. Ahora voy a poder wasapear,
lo que significa que voy a tener que ampliar mi reducido círculo de amigos,
porque si no con quién mierda voy a wasapear.
Tengo
un iPhone y voy a poder sacarme selfis, pero ando todos los días con la misma
ropa, no puedo salir en todas las selfis con la misma ropa, casi no salgo de mi
pieza, no voy a la playa ni hago trekking ni participo en algún grupo de baile,
no hago nada digno de registrarse, van a ser puras selfis en mi pieza, solo,
con la misma camisa, los mismos pantalones, la misma cara de culo de siempre,
la idea no es muy alentadora.
Tengo
un iPhone y Luis Miguel no quiere abandonar mi mente, ¿se habrá quedado a vivir
acá dentro para siempre?, “él todo lo apunta, él todo lo ve y sigue los pasos
estés donde estés, Santa Claus llegó a la ciudad”, mi mente es demasiado
permeable a los jingles, mi mente está indefensa ante la poética de Luis
Miguel, Luis Miguel se acerca lentamente y yo no sé cómo alejarme, “Sabes mi
amor, pórtate bien, no debes llorar, sabes por qué, Santa Claus llegó a la
ciudad”.
Oiga, qué excelente entrada. Me dieron ganas de casarme con esta entrada en particular. Lo tiene todo.
ResponderEliminaroiga, cuidado con luis miguel, es un loop en mi cabeza
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